Ruta por la Historia: La Revolución Francesa. Los inicios (1789 - 21 de enero de 1793)

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viernes, 26 de agosto de 2016

La Revolución Francesa. Los inicios (1789 - 21 de enero de 1793)


La ejecución del monarca francés Luis XVI, no marca únicamente un nuevo periodo en la historia francesa, si no que para la historiografía es el inicio de un nuevo periodo, la Edad Contemporánea. Atrás queda el Antiguo Régimen con los privilegios de nobles e Iglesia, un nuevo periodo marcado por la búsqueda de la Igualdad y la Fraternidad acababa de nacer.

Escarapela
Escarapela de la Revolución Francesa
Situación Social

En el s. XVIII encontramos un marco económico y social típico del Antiguo Régimen: los señoríos y la comunidad aldeana en el mundo rural, y los gremios en las ciudades. El principal entramado de la vida pública tanto en el campo como en la ciudad eran la parroquia, la circunscripción eclesiástica no el edificio, al ser un país católico; y el Rey, que ejercía el cargo por Derecho Divino.

La sociedad estaba jerárquicamente dividida en estamentos marcados por grandes diferencias económicas y, estatutos jurídicos desiguales. Los grupos eran:
  • el Clero, dividido en secular y regular; estamento compuesto por cerca de 150.000 personas, siendo la diferencia económica entre el alto y el bajo clero muy alta.
  • la Nobleza, de la que no se puede determinar con exactitud la cantidad de gente que componía el grupo; en lo que sí coinciden los historiadores es que esta clase social estaba desintegrada de alguna manera, puesto que no todos los nobles lo eran por nacimiento, y algunos conseguían pertenecer a este estamento por una carta de ennoblecimiento real o por la compra de un cargo que daba acceso a la nobleza y que tenía carácter hereditario.
  • el Tercer Estado, al que pertenecía la mayoría de la población francesa, contando con unos 28 millones de personas. Tampoco era un grupo homogéneo, ya que en él se englobaba por un lado la burguesía, cada vez más contrarios a tolerar las prerrogativas de los estamentos superiores; y por otro lado estaban los campesinos, siendo el grupo mayoritario. 
Sobre las tierras seguía pesando un conjunto de derechos feudo-señoriales, derivados del primitivo contrato del feudo, por lo que los campesinos tenían que pagar por el derecho a trabajar en las tierras y las herramientas que usaban para ello.

La unión de una época de malas cosechas acaecida en 1780 junto al ambiente opresor que reinaba, provocó la paralización económica del país, ya que como hemos visto la mayoría de la población era agrícola. Todo esto fue el caldo de cultivo de motines y levantamientos del pueblo debido a la escasez de los productos de primera necesidad, y cuando los había, su precio era desorbitado.

Llegamos también a una etapa marcada por los cambios culturales e ideológicos. La libertad de asociación es una conquista del siglo XVIII y su logro radica en que permite a las nuevas ideas filosóficas trascender el nivel privado y convertirse en fuerza social. Se fue configurando una nueva cultura política basada en un discurso fuertemente estructurado que iba minando los cimientos del Antiguo Régimen al poner en cuestión la religión y el funcionamiento del Estado. Como consecuencia, la producción de libros fue en aumento, pero de nada servía si el pueblo no sabía leer, por lo que estos grupos llevaron a cabo una alfabetización de la población que ayudó a expandir las doctrinas políticas y sociales de Montesquieu, Rousseau y Voltaire que dinamitaban los fundamentos teóricos de la monarquía absoluta.


Problemas con las finanzas

Como vemos, el descontento se iba propagando  y solo hacía falta una chispa para que todo saltase por los aires, y esta chispa fue la crisis económica que arrastraba Francia.
En 1783, el Intendente General de Hacienda, Necker, había sugerido a Luis XVI la toma de algunas medidas encaminadas a equilibrar el presupuesto, ya que le parecía inviable para el mantenimiento de la Hacienda Real el sistema de exenciones fiscales de los privilegiados, pero no logró su objetivo al ser destituido por la presión de los sectores más conservadores de la nobleza y del clero. Además publicó en 1781 un Presupuesto de la Nación, en el que por primera vez la opinión pública conoció las elevadas partidas destinadas a sufragar los gastos de la corte. Tal ejercicio de transparencia le reportó un gran prestigio entre el pueblo y la burguesía.

Jacques Necker
Jacques Necker, Intendente General de Hacienda en varias épocas del reinado de Luis XVI
Su sustituto fue Calonne, quien intentó poner en práctica unas reformas fiscales basándose en las ideas de su antecesor, pero nuevamente ante la presión de los privilegiados, fue destituido en el año 1787 por Loménie de Brienne, Arzobispo de Toulouse y acérrimos enemigo de las reformas.

Brienne estableció unas necesidades presupuestarias de 240 millones de libras para el segundo semestre de 1788, lo que requería nuevos préstamos. No obstante, los financieros franceses conocedores de la situación económica gracias al Presupuesto publicado años antes por Necker se negaron a conceder nuevos préstamo;, a esto se unió la presión política por parte de los Parlamentos que buscaban una nueva convocatoria de los Estados Generales. Brienne, ante un presupuesto con un déficit de más de 100 millones de libras, tuvo que anunciar el día 16 de agosto la incapacidad del Estado para asegurar sus pagos en metálico y devolver los bonos del Estado con un interés del 5 %, lo que provocó un pánico generalizado, desvelando la bancarrota de la Monarquía francesa.

Ante esta situación insostenible, Luis XVI acepta una reunión de los Estados Generales, fijada para los primeros días de mayo de 1789 y procede a la destitución de Loménie de Brienne, volviendo a situar al frente de las finanzas a Necker, que como dijimos antes contaba con el apoyo del pueblo y la burguesía.

Los Estados Generales

El 5 de mayo de 1789 fue la fecha elegida para abrir los Estados Generales y se llevaron a cabo las pertinentes redacciones de los Cuadernos de Quejas, donde todo francés mayor de 25 años podía expresar sus preocupaciones. 

Pronto surgió el primer problema, el sistema de voto. El Tercer Estado pidió que las votaciones se llevasen a cabo individualmente y no por estamento, ya que en caso contrario el voto conjunto de la nobleza y el clero prevalecería siempre sobre el suyo. Claramente los estamentos privilegiados no estaban interesados en esta petición prosperara, por lo que no se llegaba a ningún acuerdo, lo que provocó que el 17 de junio, el Tercer Estado se auto-proclamase motor de cualquier medida, abandonando su nombre y su condición de organismo representativo de un estamento, y se constituyó como Asamblea Nacional, convirtiéndose en representación de la nación e invitando a los demás estamentos a unirse a ellos. El Rey como respuesta a estas medidas decidió quitarles el salón donde se reunían; y esta nueva Asamblea Nacional, liderada por Riqueti, Conde de Mirabeau y francmasón, y por el abate Emmanuel Joseph Sieyès, se trasladó a un edificio público utilizado como frontón para el juego de pelota, y, en medio del entusiasmo general, se llevó a cabo, el 20 de junio, el mítico Juramento del Juego de Pelota.

Juramento Juego Pelota | Jacques-Louis David
Los integrantes de la Asamblea Nacional juraron no separarse jamás, y reunirse siempre que las circunstancias lo exijan hasta que la constitución sea aprobada y consolidada sobre unas bases sólidas. De este modo, la Asamblea Nacional pasaba a ser Constituyente.

Representantes de otros estamentos como el bajo clero y nobles liberales se unieron a esta Asamblea, y ante esta presión Luis XVI cedió, y el 27 de junio reconoció la Asamblea Nacional y ordenó al clero y a la nobleza que se incorporaran a la misma, lo que suponía una aceptación de hecho, por parte del rey, del principio de soberanía nacional. Este quizá sea el primer suceso revolucionario, y no la toma de La Bastilla.

Asamblea Nacional Constituyente.

                      1. La Toma de la Bastilla

Luis XVI demostró nuevamente su inoperancia, ya que a pesar de aceptar el principio de soberanía nacional, procedió a la destitución de Necker, acusándole de ser demasiado condescendiente con los Estados Generales, y cediendo nuevamente a las presiones de los privilegiados que veían peligrar su posición, mandó acuartelar a 20.000 soldados en Versalles por si fuese necesario utilizar la fuerza contra la Asamblea.

Luis XVI | Callet. Museo del Prado
Las noticias de la destitución de Necker y el acantonamiento de estas tropas llegaron a París en la tarde del 12 de julio, siendo mal recibidas, ya que por un lado se creía que la destitución marcaba el inicio de un golpe de Estado por parte de los elementos más conservadores de la Corte, y por otro lado que las tropas acantonadas masacrarían a los miembros de la Asamblea.

El levantamiento comenzó la noche del 12 al 13 de julio, cuando cuarenta de los cincuenta puestos de control que permitían la entrada a París fueron incendiados por una muchedumbre que exigía la rebaja del precio de trigo y del pan. Otra manifestación se congregó en el Ayuntamiento de París, en su interior, el Comité de los electores, los representantes de la municipalidad de París estaban reunidos y se negaban a entregar armas a los sublevados con las que pensaban defenderse de las tropas reales que en breve, según creían, se lanzarían contra ellos. Finalmente, los electores dirigidos por Jacques de Flesselles decidieron formar un "comité permanente" y tomaron la decisión de crear una "milicia burguesa", la Guardia Nacional y al mando se ponía  Cada hombre llevaría como marca distintiva una escarapela con los colores de París, rojo y azul. A su mando se colocaba al Marqués de La Fayette.

 Marques de La Fayette
Gilbert Motier, Marques de La Fayette y primer Comandante de la Guardia Nacional
Pero esta Guardia Nacional no tenía ni armas ni municiones, por lo que los amotinados saquearon el Garde-Meuble, nombre popular del hotel de la Marina, donde se almacenaban armas y una colección de antigüedades; mientras delegación de los electores del Ayuntamiento se dirigió a Los Inválidos para reclamar las armas almacenadas.

Otro rumor comenzaba a extenderse entre los amotinados, en la Prisión de la Bastilla se almacenaban grandes cantidades de pólvora. Poco después de las 10 de la mañana, los delegados de la Asamblea de los electores de París marchaba hacia la Bastilla con la intención de iniciar negociaciones de rendición con las tropas defensoras de la Prisión, pero estos no aceptan. Tras diferentes negociaciones, a la 1 y media de la tarde se produjo el primer intento de asalto cuando los sublevados se hicieron con el patio externo y las cadenas sobre el puente levadizo al patio interior fueron cortadas. En el interior del edificio, el Alcaide René-Bernard Jordan de Launay ordenó a sus hombres abrir fuego sobre la muchedumbre.

Con las primeras horas del 14 de julio, un numeroso grupo de amotinados se lanzaron contra Los Inválidos para hacerse con las armas que había en su interior. Este palacio estaba protegido por cañones pero los defensores no estaban dispuestos a disparar contra los parisinos, por lo que su toma fue relativamente fácil.

Tras este primer asalto, una tercera y una cuarta delegación se reunieron con el alcaide de la Bastilla, que nuevamente negó cualquier tipo de rendición. Cuando la cuarta delegación abandonaba las reuniones, comenzó el fuego cruzado entre ambos bandos, aunque nunca podrá saberse desde que lado se apretó el gatillo por primera vez. La lucha fue intensa y parecía que podría terminar en tablas, pero a las 3 y media de la tarde, los cañones que habían sido tomados en el Palacio de los Inválidos fueron colocados en batería contra las puertas y el puente levadizo de la fortaleza y acto seguido abrieron fuego. Finalmente el alcaide de la Bastilla, René-Bernard Jordan de Launay, ordenó cesar el fuego tras casi dos horas de combate y dirigió un escrito a los asaltantes en los que ofrecía la entrega del edificio a cambio de la promesa por parte de los asaltantes de que no se ejecutaría a ningún defensor. Las peticiones no fueron aceptadas, pero de todas maneras, comprendiendo que la lucha era totalmente inútil, el Alcaide rindió la plaza y permitió la entrada de los sublevados, quienes se apoderaron de la pólvora y la munición. Caía así la Bastilla, símbolo de la opresión, del despotismo monárquico, de la arbitrariedad y de la violencia.

La Bastilla
Toma de La Bastilla.
Ante estos hechos, el monarca no pudo nada más que aceptar las peticiones de los sublevados y, tomo varias medidas  al respecto como restituir en su cargo a Necker como responsable de las finanzas, dar orden de retirada a las tropas acantonadas y aceptar la bandera de los sublevados como nueva bandera de Francia, pero añadiendo el blanco de los borbones a los colores azul y rojo de la municipalidad de París, naciendo de esta manera la bandera tricolor francesa.

Origen Bandera de Francia

Estos acontecimientos tuvieron su reflejo en la Asamblea Nacional que estaba reunida en Versalles, dando lugar a la que sería la jornada parlamentaria más importante de la historia de Francia, la noche del 4 de agosto de 1789. Esa noche quedaban abolidos los privilegios feudales y los diezmos, proclamándose la libertad de todos y naciendo el principio de Igualdad.


                      2. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Poco tiempo duró el furor por la libertad, ya que en los decretos que se fueron promulgando pocos días después se rescataron algunas prerrogativas, se dictaron duras leyes contra los campesinos insurrectos y se proclamó a Luis XVI como “restaurador de la libertad francesa", consagrándose de esta manera la co-legitimidad entre la Asamblea y el Rey. El 26 de agosto de 1789 estos principios quedaron plasmados en “La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano".

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano
Representación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. 
Tras formular los principios fundamentales, comenzaba la discusión para dar forma al nuevo Estado. Se decidió que la Asamblea se dividiría entre los partidarios del veto absoluto real y la creación de dos cámaras, que fueron colocados a la derecha del Presidente, que hacía de moderador; y a la izquierda fueron colocados los que pensaban de manera contraria. Nacían de esta manera las modernas definiciones de izquierda y derecha política. Se votó que habría una sola cámara, y al Rey se le concedía un veto suspensivo, no absoluto, por dos legislaturas, es decir 4 años.

Pero los acontecimientos se sucedían de manera vertiginosa, y el 1 de Octubre, los oficiales que servían en Versalles ofrecieron un banquete de bienvenida a su relevo, acción que por costumbre era presidida por los miembros de la familia real. Las noticias sobre lo que se tomó como una fastuosa celebración corrieron como la pólvora, y fue tomado como una afrenta hacia los más necesitados. De hecho, muchos detalles exagerados o no sobre la velada circulaban a modo de cotilleo por las calles, como por ejemplo que los oficiales borrachos habían pisado la bandera tricolor jurando lealtad exclusivamente al lazo blanco Borbón.

                      3. Marcha sobre Versalles

Tras la Toma de la Bastilla la siguiente acción en importancia la realizaron las mujeres parisinas con la llamada Marcha sobre Versalles. La mañana del 5 de octubre un grupo de mujeres enfurecidas por la escasez de víveres y por el alto precio del pan se dirigió a los mercados del este de París, animando a más mujeres a sumarse al levantamiento. Mujeres y más mujeres se fueron añadiendo a esta manifestación y pusieron rumbo al Ayuntamiento de París reclamando pan y armas, a partir de este momento comenzaron a sumarse hombres a este movimiento. Rápidamente una voz chilló “A Versalles”.
Marcha sobre Versalles
Marcha sobre Versalles. Museo Carnavalet. 
La Guardia Nacional apoyaba esta marcha por lo que era  imposible frenar esta revuelta, en la que las mujeres solicitaban al Rey comida y su vuelta a París. La Fayette con el fin de evitar un derramamiento de sangre , mandó a un hombre a caballo a Versalles para que diera la voz de alarma. Tras esto, marchó con el pueblo y sus hombres hacia la residencia real, posicionándose al frente de la columna con la esperanza de proteger al rey y mantener el orden público. 

Cuando la muchedumbre finalmente llegó a Versalles, fueron recibidos por los miembros de la Asamblea entre los que destacó Robespierre, que dio apoyó firmemente a las mujeres, iniciadoras de este movimiento, por su difícil situación. Gracias a él, la hostilidad de la multitud hacia la Asamblea disminuyó, ya que ellos también eran, en parte, blanco de su ira.

Robespierre. Museo Carnavalet
Las mujeres consiguieron audiencia con el monarca, quien les prometió distribuir algunos alimentos del almacén real. No obstante, y a pesar de la promesa real, un numeroso grupo se quedó en Versalles ya que desconfiaban no ya del Rey, si no de la Reina Maria Antonieta, blanco principal de sus iras al considerarla una manipuladora de su marido.

Maria Antonieta
Reina Maria Antonieta, considerada por el pueblo como la culpable de sus problemas.
La desconfianza en la Reina iba en aumento, y los manifestantes aprovecharon un error de los protectores de la Familia Real para colarse en el Palacio de Versalles y comenzar una persecución de la Reina con la peor de las intenciones. Finalmente, Maria Antonieta pudo escapar y gracias a la intervención de La Fayette se consiguió frenar el levantamiento. Como se había ganado la gratitud de la casa real, convenció al rey para que hablara a la multitud. El rey transmitió brevemente su intención de volver a París, y cuando la multitud aplaudía, La Fayette colocó un lazo tricolor en el gorro del guarda más cercano al rey. 

Cuando el rey se retiró, la multitud exigió la presencia de la reina, que fue llevada por La Fayette, Maria Antonieta se presentó de manera serena, los sublevados, que la apuntaban con sus armas se fueron poco a poco calmando y La Fayette, se arrodilló ante la reina y le besó la mano.

Poco después del medio día, la multitud acompañó a la familia real y a un grupo de cien diputados de vuelta a la capital, con los soldados de la Guardia Nacional al frente. La nueva residencia de la Familia Real sería el Palacio de Tullerías.

                      4. "Prisioneros" en Tullerías

Pocos días después de su regreso, la Asamblea General Constituyente cambiaba su titulación, pasando de ser "Luis XVI Rey de Francia" a "Luis, por la gracia de Dios y la ley del Estado constitucional, Rey de los franceses". Esta variación significaba que el monarca ahora pertenecía a los franceses y les debía lealtad. 

Pero el Rey era un prisionero que no podía salir de Tullerías, y la familia real empezó a hablar de planes de fuga y buscar apoyo político y militar en las cortes europeas para restablecer la situación prerevolucionaria. Además buscaron apoyos en los sectores más moderados de la Asamblea, y la persona que aceptó formar parte de este plan de fuga fue el Marqués Mirabeau, quien hizo un doble juego en esta situación, pero que no fue descubierto hasta después de su fallecimiento.
Marqués de Mirabeau
Marqués de Mirabeau, miembro de la Asamblea y a la vez conspirador junto a Luis XVI 
Mirabeau aconsejó al monarca huir de París con destino Rouen y desde allí disolvería la Asamblea realizando un bloqueo sobre la capital que provocaría tal hambruna que el pueblo se levantaría contra los asamblearios. No obstante, la pareja real confiaban más en Breteuil, un noble que había huido a Suiza, y que fue nombrado por el monarca su único representante en las cortes europeas.

Mientras el trabajo de la Asamblea continuaba, siendo la burguesía moderada el grupo que contaba con mayor representación en la Asamblea; eran partidarios de una monarquía constitucional con poderes limitados que pusiese remedio a los males sociales. En esta Asamblea Talleyrand, propuso que los bienes de la Iglesia pasasen a ser propiedad de la nación, intentando salvar de esta manera la hacienda nacional, eso sí el Estado debía ocuparse de los clérigos y iglesias. A favor estaban aquellos que afirmaban que la Iglesia no debía ser propietaria de los bienes, ya que estos habían sido dados por la nación y por los propios creyentes y el clero no era más que un simple depositario que los explotaba; y por otro lado aquellos que afirmaban que cuando se confiscaron los bienes de los jesuitas se esperaban grandes riquezas y se obtuvo lo justo para alimentar a los ex-jesuitas. Mirabeau, inmerso en su doble juego a favor de la corona propuso una alternativa: "los bienes del clero están a disposición de la nación", y esta idea, La Constitución Civil del Clero, fue aprobada el 2 de noviembre.

                      5. Huida de la Familia Real

La aprobación de esta Ley fue la gota que colmó el vaso de Luis XVI que comenzó a acelerar sus planes de liberación, aunque la incitadora real era María Antonieta. Rápidamente se ideó un plan de fuga bien organizado pero que el propio monarca se encargó de dinamitar, ya que inicialmente debía huir en un pequeño carruaje, pero Luis XVI se negaba a viajar en un carro que no fuera el suyo, lo que lógicamente habría hecho saltar todas las alarmas. 

Finalmente, la tarde del 20 de junio de 1791 la familia real disfrazada abandonaba las Tullerías. El Rey dejaba en su escritorio una declaración en la que revocaba todas las medidas que habían sido tomadas. Al día siguiente se descubrió la huida de la familia real, y el pueblo que temía una invasión extranjera o una guerra civil acusó al Marqués de Lafayette de haber permitido esta escapada. La Asamblea encargó a Montmorin, el Ministro de Asuntos Exteriores, informar a las potencias europeas sobre sus intenciones pacíficas, y envió comisionados para asegurar un juramento de las tropas a la Asamblea, y no al Rey. 

La familia real se dirigía a los Países Bajos austríacos, pero fueron reconocidos a pocos kilómetros de la frontera, por lo que fueron detenidos y enviados a París. La desbaratada fuga real provocó que fuese visto como un traidor y que por tanto no era necesario para el Estado. Al llegar a París fueron recibidos por el mayor de los silencios, y la Asamblea aprobó una ley por la que al Rey se le suspendían todos sus poderes y quedaba bajo custodia del Estado, los rumores sobre el establecimiento de una República corrían por las calles y por la Asamblea como la pólvora.
Regreso de la familia real a París
Regreso de la familia real a París tras su captura en Varennes. 
La Constitución francesa.

Finalmente la Constitución, que vio la luz en septiembre de 1791. En esta Carta Magna se establecía que la soberanía residía en la nación y ya no en el rey, proclamaba la libertad de pensamiento y de prensa, y la libertad religiosa. Además se suprimía la nobleza y las distinciones hereditarias, las órdenes de caballería, las corporaciones y gremios, y establecía el libre acceso a los oficios y funciones que hasta ahora se reservaban a la nobleza o se heredaban. Por otra parte se creaba un servicio de instrucción pública para proveer a los ciudadanos de una educación básica libre y gratuita.

Por último, se instaura en Francia la división de los poderes ejecutivos, legislativos y jurídicos. La elaboración de las leyes recaía en una Asamblea Legislativa que votaba las leyes, los impuestos y declaraba la guerra, con aprobación del rey. El poder ejecutivo quedaba en manos del rey quien nombraba a los ministros; y el poder judicial se otorgaba a unos tribunales independientes.

El sistema fiscal también fue modificado, se eliminaron los impuestos indirectos y se implantaron impuestos directos, que eran pagados según la riqueza de cada uno.

Por su parte, Luis XVI con la intención de evitar un mal mayor, aceptó la Constitución el 14 de septiembre de 1791.

Constitución francesa de 1791
Aceptación de la Constitución francesa de 1791. 
Una vez más Luis XVI demostró ser un inoperante en junio de 1792, cuando al usar su derecho a veto prohibió la deportación de los sacerdotes que no habían jurado fidelidad a la nueva Constitución y la creación de un cuerpo de soldados provinciales para asignarlos fuera de París, de esta manera se enfrentaba nuevamente a su pueblo. Pocos días después, un multitudinario grupo de parisinos armados atacaba las Tullerías, llegando incluso hasta al propio monarca que fue obligado a ponerse el gorro frigio, símbolo de la Revolución, y beber vino a la salud del pueblo. La Asamblea que quería evitar un magnicidio, envió a 25 diputados que junto con el alcalde de París consiguieron calmar a la multitud y convencerles para que se dispersaran. 

Parecía que la situación volvía a la tranquilidad, pero el 10 de agosto volvía a estallar una revolución cuando una insurrección popular derrocó al gobierno municipal de la capital para instaurar una comuna rebelde y presionar a la Asamblea Nacional para destronar al Rey. Esta insurrección atacó las Tullerías y los guardias suizos del palacio fueron asesinados. La tarde del 13 de agosto de 1792, el Rey de los franceses fue oficialmente detenido y hecho prisionero en el Temple, una torre que perteneció a la Orden de los Templarios, transformada en prisión para la familia real.

                      1. El Rey prisionero en el Temple

El monarca ya no era llamado Luis XVI, ahora era Luis Capeto, lo que demostraba que su pueblo no le tenía a esas alturas ningún tipo de respeto. De hecho a las puertas de la "prisión real" se gritaba que acababa de nacer la República.
Luis Capeto en la Prision del Temple
Luis Capeto en la Prision del Temple. Jean-François Garneray
La Asamblea ahora tenía una difícil elección, ¿Qué hacer con el monarca? Mantenerlo con vida significaba tener siempre la sospecha de que intentaba planear un golpe de Estado que acabase con los logros de la Revolución, pero acabar con la vida de un rey no era algo sencillo, por lo que la Asamblea creó dos comisiones de investigación, una encargada de investigar si el ciudadano Luis Capeto, podía ser llevado a juicio a pesar de que en la Constitución se ratificaba la inviolabilidad de su persona; y otra encargada de investigar los documentos que el Rey había llevado consigo desde Versalles y que fueron encontrados en las Tullerías.

La comisión encargada de los documentos reales encontró un armario de hierro, y en su interior se encontraba la correspondencia del monarca con otras coronas europeas, en las que solicitaba su ayuda contra los revolucionarios y algo que les sorprendió aun más, dieron con las cartas de Mirabeau, su doble juego había sido descubierto. En vista de la traición, el cadáver de Mirabeau que había sido enterrado en el Panteón de Hombres ilustres fue exhumado y todos los honores le fueron retirados. Por su parte, la comisión encargada de investigar la inviolabilidad del monarca revocó su inmunidad, por primera vez en la historia de Francia, un Rey podía ser juzgado. 

                      2. El Proceso contra Luis Capeto (Luis XVI)

El proceso contra el monarca acusado de traidor al pueblo soberano de Francia comenzó en diciembre de 1792. ¿Qué abogado le defendería?. Finalmente, se consiguió que la defensa recayese en manos de: Guillaume Malesherbes, jurista y antiguo Ministro real; François Denis Tronchet, jurista y Diputado en los Estados Generales; y Raymond de Sèze, abogado que destacaba por su capacidad oratoria e intelectual. No obstante, se sabía condenado por lo que el 25 de diciembre de 1792 redactó su testamento.
Testamento de Luis XVI
Parte del testamento de Luis XVI
El 26 de diciembre de 1792, se abrió el proceso contra el rey con la exposición de las pruebas de cargo. Acto seguido, la defensa del monarca, encabezada por de Sèze hizo sus alegaciones, apoyándose en el principio de inviolabilidad del monarca, pero como era de esperar no convenció a nadie, por lo que la única salvación era intentar aprovechar la división existente entre los diputados. Por un lado estaban los girondinos, el grupo político moderado, que deseaba evitar la condena a muerte, ya que esto provocaría el ataque del resto de monarcas europeos a la recién nacida República francesa. Frente a ellos estaban los radicales que pedían la cabeza del monarca, incluso muchos de ellos no querían ni que se celebrase un juicio, querían llevar directamente al monarca al cadalso, y en medio de estos grupos se encontraba la mayoría moderada.

Juicio Luis XVI
Proceso contra Luis XVI
El 15 de enero de 1793 se produjo la primera votación, se preguntaban si Luis XVI era culpable de conspiración, 691 diputados, de un total de 749, contestaron que sí. No hubo ningún no. Tras esta votación, se debía decidir si tal como pedían los girondinos la sentencia de los diputados debía ser ratificada por el pueblo, no obstante esta petición fue rechazada por 426 votos frente a 278. Por último llegaba el momento de votar la pena a la que sería condenado el reo. Esta votación duró 36 horas, y finalmente se decidió con 387 votos a favor y 334 en contra que el monarca era condenado a muerte en la guillotina.

La defensa del Rey solicitó el indulto, que debía ser nuevamente votado, y el 18 de enero fue rechazado por 70 votos de diferencia. De esta manera, se ratificaba que Luis XVI era condenado muerte. Dos días después se le permitió recibir la visita de su familia, y al día siguiente, el 21 de enero de 1793, tras comulgar fue conducido a la Plaza de la Revolución donde se había montado el patíbulo.

Al bajar de la carroza trataron de atarle las manos, pero Luis se negó y por su propio pie se dirigió hacia la muerte. El verdugo procedió a cortarle la coleta y a atarle las manos, pero antes pudo zafarse de su verdugo y gritar «¡Pueblo, muero inocente de los delitos de los que se me acusa! Perdono a los que me matan. ¡Que mi sangre no recaiga jamás sobre Francia!».

Poco después, sobre las 10 y 20 de la mañana, era guillotinado, un miembro de la Guardia Nacional recogió la cabeza real y la mostró al pueblo que gritaba «¡Viva la República!».

Ejecución de Luis XVI
Ejecución de Luis XVI

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