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viernes, 30 de septiembre de 2016

La Revolución francesa. El Reinado del Terror


Terminábamos nuestra anterior entrada relativa a la Revolución francesa a las 10 y 20 de la mañana del día 21 de enero de 1793, cuando Luis XVI o Luis Capeto era guillotinado, y un miembro de la Guardia Nacional recogió la cabeza real y la mostró al pueblo que gritaba «¡Viva la República!». Pero antes de continuar, tenemos que retroceder un poco en el tiempo, antes incluso de que el Rey fuera ejecutado.

Situación internacional

Como podemos suponer, el resto de monarquías europeas vivían con  tensión todo lo que estaba ocurriendo en Francia, ya que querían evitar que este tipo de movimientos se reflejasen en sus países con levantamientos. Entre todos los monarcas destaca la figura del Emperador Leopoldo II que era hermano de María Antonieta y por tanto cuñado de Luis XVI.

Leopoldo II
Leopoldo II, cuñado de Luis XVI
Inicialmente, el Emperador había permanecido ajeno a toda la revolución, pensando que finalmente se resolvería de manera pacífica, o bien instaurando Luis XVI un régimen más liberal, o haciéndose fuerte y acabando de alguna manera con todos los levantados. No obstante, esta indiferencia se tornó en preocupación cuando vio que la situación se radicalizaba y que por tanto, de un modo o de otro, la vida de su cuñado y de su hermana corría cierto peligro.

En agosto de 1791, el Emperador Leopoldo II y el Rey Federico Guillermo II de Prusia se reunieron en Pillnitz, Sajonia, a petición de los nobles franceses exiliados. De esta reunión nació, el 27 de agosto, la Declaración de Pillnitz, en la que se pedía que se permitiera al Rey de Francia afianzar, en completa libertad, las bases de la forma de gobierno, que es lo que corresponde al soberano y para el bienestar de Francia". Además, amenazaban vagamente con severas consecuencias si algo les sucediese al Rey y a su familia.

Declaración de Pillnitz
El Emperador y el Rey de Prusia realizan la Declaración de Pillnitz
Era una amenaza vacía, ya que Austria entraría en guerra contra la nueva Francia sólo si las demás potencias europeas también lo hacían, y conocían de antemano que Gran Bretaña no era partidaria de esta intervención, ya que intentaban sacar algún tipo de beneficio de la situación francesa. Eso sí, la Asamblea Nacional de Francia interpretó este Declaración como una declaración de guerra, lo que aumentó el poder político de los radicales franceses. 

El 20 de abril de 1792, casi ocho meses después de la Declaración de Pillnitz, en una reunión de la Asamblea francesa, el Ministro de Asuntos Exteriores, Charles François Dumouriez, que si inicialmente había pertenecido a los jacobinos ahora era del partido girondino, presentó un listado con todos los agravios que Austria y su Emperador habían hecho en los últimos tiempos contra Francia y sus habitantes. La Asamblea recibió este informe como si de un insulto se tratase, y declaró la guerra a Austria encargando a Dumouriez una invasión inmediata de los Países Bajos austriacos, donde esperaban obtener el apoyo popular.

Charles-François Dumoriez
El General Charles-François Dumoriez, líder militar francés
Guerras Revolucionarias

Si el espíritu nacional francés estaba en un momento álgido, el ejército francés no estaba en sus mejores momentos, muchos mandos franceses habían desertado y huido, por lo que el ejército estaba desorganizado y no contaban con suficientes efectivos para llevar a cabo una guerra contra un potente ejército como el austriaco. 

El 1 de marzo de 1792 el Emperador, y hermano de María Antonieta, Leopoldo II fallecía con tan solo 44 años, y era sucedido por su hijo, y por tanto sobrino de Maria Antonieta, Francisco I de tan solo 24 años. Este cambio de Emperador podría haber sido algo ventajoso para los intereses franceses pero a pesar de su juventud, Francisco I fue un claro continuador de la política anti-revolucionaria de su padre.

Francisco I
 Francisco I de Austria y II del Sacro Imperio
El joven Emperador puso bajo el mando del Duque de Brunswick un ejército que, tras acantonarse en Coblenza, avanzó con facilidad y las ciudades de Longwy y Verdún cayeron en sus manos. Posteriormente, el Duque de Brunswick declaró en el llamado Manifiesto de Brunswick que la finalidad de su invasión era restaurar al rey en todos sus poderes y acabar con toda persona que osara oponerse.

Duque de Brunswick
El Duque de Brunswick, el brazo armado del Emperador
Lejos de conseguir que los franceses se asustasen, el efecto que tuvo fue todo el contrario, el ejército volvió a unirse, la Asamblea dejó atrás todas sus diferencias por un tiempo, y el pueblo francés se unió y realizó el asalto a las Tullerías, tal como contamos en el anterior programa de la Revolución francesa, que provocó el derrocamiento del rey 

Mientras esto ocurría, el Duque de Brunswick ponía a su ejército rumbo a París dirigiéndose a desfiladeros de Argonne. Dumouriez, que se encontraba al Norte, en Valenciennes, con la intención de tomar los Países Bajos austriacos, marchó hacia Argonne cortando el paso a las tropas austriacas y solicitando ayuda a François Kellermann, Comandante en Jefe del Ejército del Mosela, que se encontraba en la ciudad de Metz. La batalla, por llamarla de algún modo, ya que coloquialmente se conoce como el Cañoneo de Valmy, ocurrió el 20 de septiembre y finalizó con la retirada del ejército austriaco. 

Cañoneo de Valmy
Batalla de Valmy | Victor Adam
Al día siguiente de esta primera y curiosa victoria de las tropas revolucionarias francesas, la monarquía francesa fue abolida y proclamada la Primera República francesa

En el resto de frentes, los franceses cosechaban nuevas victorias, tomando Saboya y Niza, en Italia, y el Teniente General Adam Philippe, Conde de Custine, conocido como el General Bigotes invadía suelo alemán llegando a tomar Espira, Worms, Maguncia y Frankfurt. Al norte, Dumouriez puso rumbo nuevamente hacia Bélgica y obtuvo una contundente victoria en la Batalla de Jemappes, del 6 de noviembre de 1792, con la que consiguió la toma de los Países Bajos Austriacos. 

Y ahora si es cuando enlazamos con el programa anterior, recordando que un mes después de esta victoria de Jemappes se abrió el proceso contra Luis XVI acusado de contrarrevolucionario y traidor al pueblo soberano de Francia y que finalizó con su ejecución el 21 de enero de 1793. 

Si las monarquías europeas habían actuado asustadas por la posibilidad de que al monarca francés le pasase algo, cuando llegó a los diferentes países la noticia de que Luis XVI había sido ajusticiado saltaron todas las alarmas y se creó una coalición de las monarquías absolutistas europeas para acabar con la revolución. Esta coalición estaba compuesta por el Emperador, el Rey de Prusia, el Rey de España, Gran Bretaña, Holanda, Cerdeña y Holanda

Las fuerzas absolutistas lanzaron sus fuerzas de invasión contra Francia por tierra y mar, las tropas del emperador atacaron desde los Países Bajos Austriacos, las del Rey de Prusia desde la zona de Rin, los británicos apoyaron las revueltas en las colonias francesas de ultramar y pusieron en asedio Tolón, en el Mediterráneo y donde se comienza a hablar de las hazañas de un personaje que más adelante como sabemos será muy importante, Napoleón Bonaparte; las tropas españolas se lanzaron al ataque en la zona del Rosellón, un ataque que dio lugar a la Guerra del Rosellón.

Guerra del Rosellón

Pedro Pablo Abarca de Bolea, el Conde de Aranda y Secretario de Estado de Carlos IV, preparó una ofensiva por los Pirineos dividida en tres, por Cataluña al mando del General Ricardos atacaría el más numeroso, con cerca de 32.000 hombres; en Navarra estarían 18.000 hombres al mando de Ventura Caro; y finalmente en la zona aragonesa, Pablo de Sangro y Merode, príncipe de Castelfranco, con otros 5.000. Según el plan trazado, el único grupo que atacaría sería el del General Ricardos, los otros dos se limitarían a defender la frontera y a apoyar con maniobras de diversión la campaña principal del frente oriental.

General Ricardos
General Ricardos, líder y héroe español en la Guerra del Rosellón | Francisco de Goya
Al tener conocimiento de este movimiento de tropas, Francia declaró la guerra a España 7 de marzo de 1793, y doce horas después una brigada francesa se apoderó del Valle de Arán. La respuesta española no se hizo esperar, y el General Ricardos se lanzó a por el Rosellón, entrando en Francia por Saint-Laurent-de-Cerdans y tras ocupar diferentes enclaves fronterizos tras la victoria española en la Batalla de Céret, el 19 de mayo se encontró frente al ejército francés del General Dagobert en la llamada Batalla de Mas Deu que nuevamente se decantó para el lado español lo que permitió a Ricardos la toma de Baños, Bellegarde y el valle del Tec. 

La campaña triunfal del general Ricardos tuvo su cima en la Batalla de Truillás, del 22 de septiembre, recibiendo en esta batalla la ayuda de refuerzos comandados por el Duque de Osuna y por el Conde de la Unión, de tropas portuguesas y de la escuadra anglo-española que operaba en las costas mediterráneas. No obstante, el ejército español tenía una grave crisis de suministros, lo que obligó a Ricardos a retirarse, pero a pesar de ello pudo vencer nuevamente a los franceses en Asprés, lo que ponía en sus manos Port Vendres, Santelme y Collioure, y por tanto, toda la costa rosellonesa. 

La falta de suministros cada vez era más acuciante, lo que sumado a la nueva movilización de hombres que había hecho Francia provocaba que la balanza de las victorias se inclinase del lado galo. La situación era tan insostenible que el General Ricardos, tuvo que regresar a Madrid para conseguir más apoyo, no obstante una pulmonía acabó con su vida el 13 de marzo de 1794. 

Desde el año 1794 al año 1795 las tropas francesas del General Dugommier fueron cosechando diferentes victorias con las que consiguieron expulsar a los españoles del Rosellón para finalmente ocupar zonas de Cataluña, Navarra y País Vasco. La situación española era tan mala que Godoy, firmó en 1795 por separado con Francia, la llamada Paz de Basilea en la que la corona española reconocía a la República Francesa y se normalizaban las relaciones comerciales. Por esta medida, Godoy recibió el título de Príncipe de la Paz.

Godoy por Goya
Godoy, primer Ministro de Carlos IV | Francisco de Goya 

Política interior. Guerra entre jacobinos y girondinos

Instaurada ya la República Francesa, el poder ejecutivo y legislativo recayó en manos de la Convención Nacional. Este organismo, formado a partir de unas elecciones, inició sus labores como una asamblea de tipo constituyente para crear una constitución que sustituyese la aprobada en 1791. En esta nueva constitución se recogía el sufragio universal, el derecho a la educación y al trabajo, y la protección con dinero público de los más humildes. 

En esta Convención estaban representados tres grupos, situados además en lugares muy específicos, a la derecha del Presidente se encontraban los moderados o también llamados Girondinos, debido a que el partido se formó en torno a algunos diputados del departamento de Gironda. Eran partidarios de una política moderada y federalista. En el centro de este organismo fueron colocados los neutrales, conocidos como la Llanura; y por último nos encontramos a los radicales, situados a la izquierda, conocidos como la montaña, al estar situados en los bancos más altos. En su mayoría, los miembros de este tercer grupo, procedían del club de los jacobinos, eran enemigos acérrimos de los girondinos.

Estos dos grupos estaban enfrentados desde hacía tiempo, los girondinos, que eran mayoría, acusaban a los jacobinos de ser los responsables de uno de los episodios más tristes de la Revolución Francesa, “Las Masacres de Septiembre”.

Masacres de Septiembre
Asalto a una prisión durante las Masacres de Septiembre

En el verano de 1792, como hemos visto, las tropas del Duque de Brunswick habían ocupado Longwy y Verdún y el Duque había lanzado el manifiesto que lleva su nombre en el que se hacía referencia a que acabaría con la vida de todo aquel que impidiese su labor de restaurar al rey en todos sus poderes, lo que significaba que su ejército entraría en Paris a sangre y fuego. Ya fuese debido a los nervios, o la falta de habilidad de algunos políticos, pronto surgió la idea de que dentro de los revolucionarios había traidores, y a partir de este momento comenzó una “caza de brujas”

Jean Paul Marat, miembro de los jacobinos, fue colocado al frente del Comité de Vigilancia, que tenía como fin eliminar a todos los contrarrevolucionarios. De hecho, fue el propio Marat quien de su puño y letra elaboraba las listas negras de sospechosos. Además quería que estos «tribunales populares» no solo actuasen en París, tenían que extenderse por toda Francia, y para que todo el mundo lo supiese ordenó que se publicase la siguiente orden: 

“La Comuna de París desea informar a sus hermanos de todos los departamentos, que una parte de los temibles conspiradores detenidos en las cárceles ha sido condenada a muerte por el pueblo: actos de justicia que creen indispensables a fin de acabar, por temor, con todas las legiones de traidores encerrados tras sus muros; por el momento se ha conseguido que el enemigo se detenga y, sin duda alguna, toda la nación, después de la larga sucesión de traiciones que la han conducido al abismo, se decidirá a adoptar estas medidas si las cree necesarias para la salud pública, y todos los franceses dirán, como los parisinos: «Nosotros moriremos frente al enemigo, pero no dejaremos detrás nuestro a estos delincuentes para que maten a nuestros hijos y a nuestras mujeres». 

Jean Paul Marat
Marat, "cerebro" de las Masacres de Septiembre | Joseph Boze
En París se ejecutó a más de 1400 personas, siendo en su mayor parte miembros de la Iglesia, aunque no solo afectó a los llamados “contrarrevolucionarios”, bajo esta locura también murieron pequeños comerciantes, artesanos y prisioneros por delitos comunes que se encontraban en las diferentes cárceles parisinas. Fuera de París destacan las acciones represivas que se efectuaron en Orleans o Reims, pero muy lejos de en cuento a víctimas de lo ocurrido en París. 

Como contábamos antes, los girondinos acusaron directamente a Marat de ser responsable de desatar la locura en París y extenderla por todo el país, por lo que llevaron a la Convención una votación para proceder a su detención, y al ser el grupo mayoritario, se pudo aprobar y llevarse a cabo el 13 de abril de 1793. No obstante, el Tribunal Criminal Extraordinario declaró a Marat inocente, y el 24 de abril, triunfante volvía su puesto en la Convención. 

A pesar de este revés, el 18 de mayo, los girondinos forman en la Convención la Comisión de los Doce, que tendría como misión la investigación de las actividades de la Comuna de París durante las masacres de septiembre y una de las primeras medidas es la orden de arresto de Hebert, Fiscal de la Comuna de París, y el líder radical Jean François Varlet. A finales de ese mes de mayo, los sans-cullotes, los partisanos radicales, realizan una sublevación en París y finalmente la Convención Nacional fue rodeada por los insurrectos dirigidos por Hanriot, jefe de la Guardia Nacional, y los miembros de la Convención fueron obligados a aprobar el arresto de veintinueve diputados girondinos y dos ministros. 
François Hanriot
François Hanriot, artifice del golpe de Estado que dio el poder a los jacobinos
Los girondinos fueron detenidos y puestos bajo arresto domiciliario, pero no con la vigilancia necesaria, por lo que muchos de ellos pudieron huir hacia zonas seguras desde donde alentaron a los federalistas para luchar frente a los sublevados que querían imponer un fuerte centralismo. 

La ciudad de Caen se convirtió en la base de los federalistas y estos tomaron la decisión de rechazar cualquier tipo de medida que saliese de la nueva Convención controlada por los jacobinos. Además llamaron a los departamentos vecinos a sumarse a su levantamiento y crear un ejército federado que marchase sobre Francia. A este llamamiento acudieron los cinco departamentos vecinos y el 10 de julio 2.000 hombres al mando del General Felix Wimpffen marcharon hacia París.

Por su parte, en Burdeos, capital de la región de la Gironda y lugar de partida de los girondinos, se creó una Comisión Popular de Salvación Pública que asumió el poder y ofreció un sueldo a todos los hombres que se sumasen a la sublevación federalista, de esta manera unos 400 hombres salieron desde Burdeos con dirección a París. 

El 13 de julio las tropas procedentes de Caen eran derrotadas y dejaban el camino libre para que las fuerzas jacobinas marchasen hacia Caen y por tanto los girondinos que estaban en esta ciudad comienzan una huida con dirección a Burdeos. Esa derrota no era la única, ya que los girondinos eran derrotados además en Nimes y Lyon. 

En estos momentos ocurre uno de esos sucesos del que todo el mundo tiene conocimiento gracias al arte, en este caso gracias a un cuadro de Jacques Louis David, el asesinato de Marat

La muerte de Marat | Jacques Louis David
Como casi todo el mundo sabe, Marat sufría una enfermedad de la piel de la que únicamente encontraba alivio sumergiéndose en una bañera. Según afirmaba el mismo, había contraído algún tipo de enfermedad en las cloacas de París cuando se escondía de sus enemigos. No obstante, estudios recientes parecen indicar que los síntomas de Marat son muy parecidos a las erupciones cutáneas provocadas por la alergia al gluten. 

Sea cual sea el origen de su enfermedad, el 13 de julio de 1793 Marat se encontraba en su bañera cuando una mujer que afirmaba portar una lista de los contrarrevolucionarios pidió una entrevista con él, y Marat accedió al encuentro. La joven, Charlotte Corday, sacó un cuchillo que llevaba oculto entre sus ropas y le apuñaló en el pecho. Marat falleció y ella fue apresada. Cuatro días después se celebró el juicio en el que se le acusaba de asesinato y contrarrevolucionaria, Charlotte Corday únicamente afirmó “sabía que Marat estaba pervirtiendo Francia. He matado a un hombre para salvar a cien mil". No obstante fue declarada culpable y guillotinada en París. Como represalia, los girondinos guillotinaban al antiguo alcalde jacobino de Lyon. 

Charlotte Corday
Charlotte Corday, asesina de Marat
El asesinato de Marat condenaba a muerte prácticamente a los 21 girondinos que aun permanecían presos en París, por lo que su juicio, celebrado en octubre de 1793 fue mas una pantomima que un juicio. Finalmente, el 31 de octubre eran guillotinados. Parte de los que habían huido tuvieron la posibilidad de reintegrarse en la Convención nacional el día 24 de julio de 1794, el día que cayó el siguiente personaje del que vamos a hablar, Robespierre.

Robespierre y el Terror

En abril de 1793 Danton y el diputado girondino Isnard crearon el Comité Central de Salud Pública una institución creada con el fin de tener una institución fuerte que aplicase condenas duras a todo aquel que se apartase de la doctrina revolucionaria, lo que le daba un carácter plenamente represor. Poco a poco este Comité fue aumentando su poder. 

Tras la caída de los girondinos, jacobinos como Robespierre y Louis de Saint-Just se unieron al Comité y, debido a la debilidad de la Convención, ocupada principalmente en defender a Francia en las guerras contra las potencias europeas, se convirtió en el principal órgano de gobierno. A la vez que aumentaba su poder se incrementaba la arbitrariedad de sus decisiones ya que casi sin pruebas se podía condenar a la guillotina a cualquier persona, dando lugar al Régimen del Terror en el que las figuras principales eran Marat, Danton y Robespierre

Danton, Marat y Robespierre
Danton, Marat y Robespierre, el triunvirato sangriento
La muerte de Marat dejaba el poder plenamente a Danton y Robespierre, pero debido al propio régimen que ellos habían instaurado, no tardaron en sospechar el uno del otro, pero en esta guerra interna Robespierre tenía más poder y lo supo aprovechar. Recordemos que en estos momentos Francia se encontraba en una lucha interna entre los girondinos huidos y los jacobinos, y Danton intenta llegar a un acuerdo entre ambas partes creando además un partido, los indulgentes, que buscan el final de la época del Régimen del Terror; además defendían las reivindicaciones de los «sans-culottes», lo que intentaba acercarles a las clases populares; pero su gran error fue mostrarse contrarios a la ejecución de María Antonieta, algo que trataremos más adelante. 

Robespierre pone en marcha toda su capacidad pseudopolítica y provoca que los jacobinos acusen a Danton de malversación de fondos y de traidor promonárquico; además consiguen implicarle en un escándalo financiero relacionado con la Compañía francesa de Indias. Viendo su vida en peligro, Danton, huye a su localidad natal Arcis-sur-Aube. A finales de marzo de 1794, Danton era detenido bajo la acusación de “ser enemigo de Francia”, una acusación que significaba la muerte y más si su enemigo Robespierre controlaba el juicio. Finalmente, el 5 de abril de 1794 era guillotinado y según se cuenta sus últimas palabras fueron “de lo único que me arrepiento es de irme antes que esa rata de Robespierre”

Danton guillotina
Danton subiendo a la guillotina
En junio de 1794 Robespierre consiguió ser nombrado, posiblemente por el miedo a represalias por su parte, Presidente de la Convención lo que le otorgaba prácticamente todos los poderes de Francia, y continuando con su política de locura y muerte llegó incluso a firmar decretos que anulaban la comparecencia de testigos y de defensores en los juicios revolucionarios. 

Robespierre
Robespierre, el Señor del Terror
Parecía que nada podría derrocar a este pseudodictador pero finalmente se organizó una oposición que tuvo el poder suficiente para acusarle de despotismo y traición. En la sesión en la que se le estaba acusando de estos cargos, el 27 de julio, estalló una fuerte pelea, en la que incluso fue herido en la mandíbula antes de ser detenido. Al día siguiente, 28 de julio de 1794, Robespierre era ejecutado en la guillotina sin que hiciese falta celebrar un juicio. Poco después, el órgano de Terror con el que había sometido a Francia, el Comité de Salud Pública, era disuelto.

Detención de Robespierre
Detención de Robespierre | Max Adamo

María Antonieta. Prisión, juicio y ejecución

Tras el 21 de enero de 1793, María Antonieta comenzó a ser conocida como la Viuda Capeto y cayó en una profunda depresión de la que nunca podría salir. La única esperanza que la mantenía con un poco de serenidad era pensar que algún día la corona de Francia recayese en su hijo Luis, a quien los nobles en el exilio habían reconocido como Rey a la muerte de Luis XVI. Estos nobles, apoyándose en grupos religiosos que se habían vuelto contrarios a la Revolución con el paso del tiempo y en los políticos más conservadores intentaron en repetidas ocasiones liberar a la Reina y la Familia Real de su cautiverio, pero todas las intentonas quedaban en eso, en intentonas ya que nunca terminaban en buen puerto.

Maria Antonieta
María Antonieta poco antes de que comenzase su infierno
A pesar de que como hemos visto, la situación política y militar de Francia era bastante complicada, el destino de María Antonieta no fue una cuestión dejada en el olvido, sobre todo porque como recordemos estaba emparentada con los emperadores de Austria que eran enemigos mortales de la Francia Revolucionaria. Como vemos la suerte de la Reina estaba en el aire, pero fue tomando forma a partir de la creación del Comité de Salvación Pública en abril de 1793 por Danton y el diputado Isnard. Como contamos hace un rato, tras la caída de los girondinos, Robespierre comenzó a tener cada vez más poder dentro de este Comité, y desde él comenzó a presionar a la Convención para que María Antonieta fuese juzgada. Además una de las primeras medidas que se toma es evitar que el joven príncipe Luis fuese contaminado con las ideas absolutistas de su madre, por lo que a mediados de julio es separado de su madre y queda al cuidado de Antoine Simon, un zapatero miembro del ala más radical de la Convención.

Delfín Luis
El Delfín Luis de Francia
Pero lo que terminó por hundirla moral y anímicamente fue su traslado, en la madrugada del 1 de agosto desde la Prisión del Temple a la prisión de la Conciergerie, la antecámara de la muerte. Esta nueva prisión, de la que poco salían con vida, era también conocida como el Palais de la Cité, y ocupa el muelle del Reloj, en la Isla de la Cité. Desde el siglo X había sido la residencia de los Reyes franceses, pero 1392, el Rey Carlos V de Francia la abandonó, y paso a convertirse en Prisión del Estado. La prisión ocupaba la planta baja del edificio que bordea el muelle del Reloj y las dos torres: los pisos superiores estaban reservados para el Parlamento, y recibía el nombre de la Conciergerie o conserjería debido a que era un conserje quién vigila a los prisioneros, tenía a su cargo las llaves de este Palacio y controlaba el consumo de velas y cirios. 

Conciergerie
Vista actual de la Prisión de la Conciergerie
Pues bien, a esta nueva prisión fue trasladada María Antonieta que desde ese momento recibió el nombre de prisionero 280. Inicialmente María Antonieta fue confinada en la antigua sala de reuniones del cuerpo de carceleros, compuesta por dos sillas, una mesa, un sillón de caña y un camastro, como lujo tenía una estrecha ventana por la que la prisionera podía observar el patio al que las mujeres prisioneras podía salir.

Si los monárquicos habían intentado llevar a cabo una fuga de la Reina mientras estaba presa en el Temple, con esta nueva situación que consideraban infrahumana no podían quedarse con los brazos cruzados, e idearon diferentes planes de fuga, siendo el llamado Complot del Clavel el más importante y organizado por Jean de Batz, el Barón de la Santa Cruz.

Jean Pierre de Batz
Jean Pierre de Batz, cerebro del Complot del Clavel

El 28 de agosto de 1793, Jean-Baptiste Michonis, inspector de prisiones compinchado con Jean de Batz, entra en la celda de la reina Maria-Antonieta en compañía de otro hombre que en la solapa de su casaca a rayas luce dos grandes claveles, su nombre es Alexandre Gonsse de Rougeville.

Según el plan trazado, Rougeville se inclina ante María Antonieta y sus dos claveles caen ante ella. No ha sido un accidente, entre los pétalos de los claveles hay enrollado un mensaje oculto. Rápidamente, los dos visitantes salen un momento de la celda, y es cuando María Antonieta al recoger las flores observa que hay algo raro en ellas…las observa y ve un pequeño rollo de papel, lo saca y es una nota que dice "Tengo hombres y dinero."

La cara de la Reina cambia totalmente y con la ayuda de un alfiler de su pelo escribe en el rollito en blanco que ha encontrado en el segundo clavel, "Estoy estrechamente vigilada, no hablo con nadie, confío en vos". Poco después vuelven a entrar los dos caballeros en la celda y María Antonieta le indica que se le cayeron antes los dos claveles. Una vez fuera de la prisión, Rougeville lee la respuesta de la Reina, es el momento de poner el plan en marcha. En primer lugar sobornan a Jean Gilbert, uno de los gendarmes que vigilan a María Antonieta, y gracias a esto pueden, el 30 de agosto, volver a reunirse con la prisionera y elaborar el plan de fuga que quedó fijado para la noche del 2 al 3 de septiembre, y tras escaparse debía marchar al castillo de Livry dónde le esperaba Madame de Jarjayes y, desde allí, ambas partirán disfrazadas para adentrarse en territorio alemán.

Los siguientes sobornados fueron los conserjes de la cárcel, el matrimonio Richard, ya que María Antonieta debía pasar por delante de ellos en plena huida. A la hora fijada, la prisionera sale de su celda, atraviesa la sala donde se encuentran los gendarmes encargados de custodiarla, quienes también han sido sobornados, cruza en la conserjería del matrimonio Richard, ahora solo una verja, en la que esta apostado Jean Gilbert, le separa de la libertad.

Cuando todo parece ir a la perfección, Jean Gilbert da el alto e impide a la reina cruzar esa última barrera para tener la libertad. La Reina suplica, Rougeville y Michonis que esperan fuera le prometen más dinero, pero Gilbert no acepta y conduce nuevamente a su celda a la reina. Además, Gilbert envía un informe al Teniente Coronel Dumesnil, denunciando todo el complot organizado Michonis y Rougeville. El Teniente Coronel Dumesnil impresionado por lo que acaba de leer escribe de urgencia al Comité de Seguridad. Saltan todas las alarmas, María Antonieta ha intentado huir gracias a unos traidores, por lo que el Comité envía inmediatamente a Jean-Pierre André Amar, un masón jacobino, y al diputado Sevestre a La Conciergerie para interrogar a la Reina, quien con intenta de todas las maneras posibles evitar dar datos sobre los organizadores e implicados en su intento de fuga.

Las intenciones de la Reina surtieron efecto, por lo que únicamente se podía acusar de traidores a las dos personas que Jean Gilbert sabía que estaban implicados, Rougeville y Michonis. El primero pudo huir de París y desaparecer, pero Michonis fue arrestado y enviado a prisión. En cuanto al matrimonio de conserjes no se pudo demostrar su plena culpabilidad por lo que simplemente fueron despedidos.

Para evitar nuevas intentonas, María Antonieta fue llevada a una segunda celda, donde un simple biombo la separaba de los guardias que la custodiaban, a la espera de que su proceso comenzase.

segunda celda
María Antonieta en su segunda celda tras su fracasada huida
Si en el proceso contra su marido, Luis XVI, se intentó realizar con toda la legalidad posible y evitar de esta manera que las potencias extranjeras no dudaran de la legalidad del veredicto, en el caso de María Antonieta la legalidad quedó a un lado y se convirtió en uno de los mayores casos de pantomima judicial posible.

Como recordareis de nuestro primer repaso de la Revolución Francesa, María Antonieta era una persona que despertaba todas las antipatías del pueblo francés, era acusada de despilfarradora, de un desmesurado gusto por la moda y celebrar ostentosas fiestas mientas su pueblo moría de hambre. Además se decía que ella había manipulado a Luis XVI convirtiéndole en un mal Rey, influenciando totalmente sus decisiones políticas, de hecho se afirmaba que la primera víctima de María Antonieta era el propio Luis XVI.

Una vez estallada la Revolución en Francia, se le acusaba de haber planeado el intento de huida de la familia real el 20 de junio de 1791 con dirección a los Países Bajos austriacos, territorios que estaban bajo el poder de su hermano el Emperador. Por si esto fuera poco, el ejército austriaco invadía suelo francés y por tanto soldados franceses morían luchando contra un ejército del país de Maria Antonieta, ella era en definitiva la culpable de la muerte de héroes franceses que luchaban contra el invasor.

Con todo este caldo de cultivo, era muy difícil, por no decir imposible que María Antonieta quedase bien parada en este juicio que comenzó el 14 de octubre. Ese día, María Antonieta subió desde su celda a los pisos superiores de la Conciergerie, donde tenía su sede el Tribunal Revolucionario, un tribunal que era nombrado por la Convención y que estaba compuesto por la Mesa del Tribunal, formada por un presidente y cuatro magistrados; un jurado de 12 miembros; y por último un fiscal y dos suplentes que eran el Ministerio Público. A pesar de todo esto, y como ya hemos visto anteriormente, era un instrumento que obedecía las órdenes directas de Robespierre.

La acusación contra María Antonieta la dirigía el fiscal Antoine Quentin Fouquier Tinville, el mismo que había realizado la acusación contra los girondinos y Charlotte Corday, la asesina de Marat. El tribunal estaba presidido por el jacobino Martial Joseph Armand Hermann y el jurado había sido elegido entre miembros, también, de los jacobinos; y los dos abogados de María Antonieta, eran Tronçon-Ducoudray y Chauveau-Lagarde, jóvenes e inexpertos.

Antoine Quentin Fouquier Tinville
Antoine Quentin Fouquier Tinville, encargado de demostrar la culpabilidad de María Antonieta
La Sala del Tribunal era un inmenso hervidero de gente llena de odio, donde los jacobinos estaban sentados en los mejores sitios. De golpe entró en la Sala María Antonieta y los gritos contra ella estallaron por todos lados. 

Maria Antonieta juicio entrada
Entrada de María Antonieta en la Sala del juicio
Para iniciar el juicio se hace llamar al Príncipe Luis, quien a estas alturas ya había sufrido, según afirman los monárquicos, un lavado de cerebro por parte de Antoine Simon. Delante del tribunal, el joven príncipe acusa a su madre y a su tía de de haberle incitado a la masturbación y a participar con ellas en orgías. 

María Antonieta indignada por la falsedad del testimonio de su propio hijo, apeló a todas las madres presentes en la Sala ya que según afirmaba “La naturaleza rechazaba semejante acusación hecha a una madre”. Ante esta acusación, la sala estalló en gritos y estuvo a punto de producirse un motín, pero finalmente fue evitado. 

Cuando la calma volvió a la Sala el Fiscal Fouquier Tinville continuó con su acusación e indicó que María Antonieta era culpable de aliarse con potencias extranjeras para acabar con la Revolución y de ser la instigadora de la traición de Luis Capeto, lo que había llevado al anterior monarca al cadalso. Todo esto le llevaba a acusar a María Antonieta de alta traición. Ante esta acusación, María Antonieta respondió que no fue más que la esposa de Luis XVI, no Luis Capeto, y fue él el que cometió todos esos errores. El Fiscal, no conforme con la respuesta solicita al Tribunal la pena de muerte y la declaración de enemiga de la nación francesa para la acusada. Los abogados de María Antonieta, no supieron o no pudieron defenderla ante esto. 

María Antonieta juicio
María Antonieta defendiéndose en el juicio, Fouquier Tinville, con gorro negro, sentado frente a ella

La vista llegaba a su fin, y el Presidente del Tribunal dirigía cuatro preguntas al Jurado, contestadas, como cabía esperar, de modo afirmativo: 

1-¿Consta que hayan existido maniobras y contactos con las potencias extranjeras y otros enemigos exteriores de la República dirigidas a suministrarles ayudas en dinero, a darles entrada en el territorio francés y a facilitarles en él progresos y armas? 
2-. ¿Se halla convicta María Antonieta de Austria, viuda de Luis Capeto, de haber cooperado a dichas maniobras y de haber mantenido estos contactos?
3- ¿Consta que ha existido un complot dirigido a encender la guerra civil en el interior de la República?
4-. ¿Se halla convicta María Antonieta de Austria, viuda de Luis Capeto, de haber participado en estos complots?

Ante la respuesta positiva a las cuatro preguntas, María Antonieta fue condenada a la pena capital el 16 de octubre, dos días después del inicio del juicio, acusada de alta traición. La condenada a muerte fue conducida a su celda a la espera de que llegase la hora de ser conducida a la guillotina. Allí redactó en primer lugar una carta dirigida a su cuñada Isabel, hermana de Luis XVI. En ella le indica que acababa de ser condenada, no exactamente a una muerte honrosa, si no a la de los criminales, pero tengo el consuelo de que voy a reunirme con vuestro hermano. 

María Antonieta carta
Carta de despedida de María Antonieta.
Esta carta nunca llegó a su destino, ya que los carceleros se la entregaron directamente a Robespierre quien la escondió, y no fue hasta 1816, con la restauración borbónica en Francia con Luis XVIII, cuando la carta salió a la luz. Y llegó el día 16 de octubre, la Plaza de la Revolución estaba atestada de personas, ya que acabar con la vida de María Antonieta suponía dejar atrás una era pasada que no traía gratos recuerdo por lo que la gente esperaba el día su ejecución con ansiedad. Tras rechazar la visita del sacerdote constitucional que debía confesarla, la rea fue conducida hacia el patíbulo, una vez allí María Antonieta subió al cadalso en medio de centenares de abucheos y tropezando pisó el pié al verdugo a los que ella pidiendo disculpas dijo: «Disculpe, señor, no lo hice a propósito.» 

María Antonieta carta
María Antonieta saliendo hacia la guillotina
Poco después puso el cuerpo en su lugar arriba la afilada cuchilla esperaba para caer sobre su cuello. El silencio se podía cortar en esos momentos, cuando de golpe la cuchilla fue soltada y en cuestión de milésimas de segundo separaba la cabeza de Maria Antonieta de su cuerpo. En ese momento la fiesta se apodera de las calles de París mientras los ciudadanos gritan “Viva la República”.

María Antonieta ejecución
María Antonieta en la guillotina
María Antonieta ejecución
Hoja de la guillotina que decapitó a María Antonieta

viernes, 26 de agosto de 2016

La Revolución Francesa. Los inicios (1789 - 21 de enero de 1793)


La ejecución del monarca francés Luis XVI, no marca únicamente un nuevo periodo en la historia francesa, si no que para la historiografía es el inicio de un nuevo periodo, la Edad Contemporánea. Atrás queda el Antiguo Régimen con los privilegios de nobles e Iglesia, un nuevo periodo marcado por la búsqueda de la Igualdad y la Fraternidad acababa de nacer.

Escarapela
Escarapela de la Revolución Francesa
Situación Social

En el s. XVIII encontramos un marco económico y social típico del Antiguo Régimen: los señoríos y la comunidad aldeana en el mundo rural, y los gremios en las ciudades. El principal entramado de la vida pública tanto en el campo como en la ciudad eran la parroquia, la circunscripción eclesiástica no el edificio, al ser un país católico; y el Rey, que ejercía el cargo por Derecho Divino.

La sociedad estaba jerárquicamente dividida en estamentos marcados por grandes diferencias económicas y, estatutos jurídicos desiguales. Los grupos eran:
  • el Clero, dividido en secular y regular; estamento compuesto por cerca de 150.000 personas, siendo la diferencia económica entre el alto y el bajo clero muy alta.
  • la Nobleza, de la que no se puede determinar con exactitud la cantidad de gente que componía el grupo; en lo que sí coinciden los historiadores es que esta clase social estaba desintegrada de alguna manera, puesto que no todos los nobles lo eran por nacimiento, y algunos conseguían pertenecer a este estamento por una carta de ennoblecimiento real o por la compra de un cargo que daba acceso a la nobleza y que tenía carácter hereditario.
  • el Tercer Estado, al que pertenecía la mayoría de la población francesa, contando con unos 28 millones de personas. Tampoco era un grupo homogéneo, ya que en él se englobaba por un lado la burguesía, cada vez más contrarios a tolerar las prerrogativas de los estamentos superiores; y por otro lado estaban los campesinos, siendo el grupo mayoritario. 
Sobre las tierras seguía pesando un conjunto de derechos feudo-señoriales, derivados del primitivo contrato del feudo, por lo que los campesinos tenían que pagar por el derecho a trabajar en las tierras y las herramientas que usaban para ello.

La unión de una época de malas cosechas acaecida en 1780 junto al ambiente opresor que reinaba, provocó la paralización económica del país, ya que como hemos visto la mayoría de la población era agrícola. Todo esto fue el caldo de cultivo de motines y levantamientos del pueblo debido a la escasez de los productos de primera necesidad, y cuando los había, su precio era desorbitado.

Llegamos también a una etapa marcada por los cambios culturales e ideológicos. La libertad de asociación es una conquista del siglo XVIII y su logro radica en que permite a las nuevas ideas filosóficas trascender el nivel privado y convertirse en fuerza social. Se fue configurando una nueva cultura política basada en un discurso fuertemente estructurado que iba minando los cimientos del Antiguo Régimen al poner en cuestión la religión y el funcionamiento del Estado. Como consecuencia, la producción de libros fue en aumento, pero de nada servía si el pueblo no sabía leer, por lo que estos grupos llevaron a cabo una alfabetización de la población que ayudó a expandir las doctrinas políticas y sociales de Montesquieu, Rousseau y Voltaire que dinamitaban los fundamentos teóricos de la monarquía absoluta.


Problemas con las finanzas

Como vemos, el descontento se iba propagando  y solo hacía falta una chispa para que todo saltase por los aires, y esta chispa fue la crisis económica que arrastraba Francia.
En 1783, el Intendente General de Hacienda, Necker, había sugerido a Luis XVI la toma de algunas medidas encaminadas a equilibrar el presupuesto, ya que le parecía inviable para el mantenimiento de la Hacienda Real el sistema de exenciones fiscales de los privilegiados, pero no logró su objetivo al ser destituido por la presión de los sectores más conservadores de la nobleza y del clero. Además publicó en 1781 un Presupuesto de la Nación, en el que por primera vez la opinión pública conoció las elevadas partidas destinadas a sufragar los gastos de la corte. Tal ejercicio de transparencia le reportó un gran prestigio entre el pueblo y la burguesía.

Jacques Necker
Jacques Necker, Intendente General de Hacienda en varias épocas del reinado de Luis XVI
Su sustituto fue Calonne, quien intentó poner en práctica unas reformas fiscales basándose en las ideas de su antecesor, pero nuevamente ante la presión de los privilegiados, fue destituido en el año 1787 por Loménie de Brienne, Arzobispo de Toulouse y acérrimos enemigo de las reformas.

Brienne estableció unas necesidades presupuestarias de 240 millones de libras para el segundo semestre de 1788, lo que requería nuevos préstamos. No obstante, los financieros franceses conocedores de la situación económica gracias al Presupuesto publicado años antes por Necker se negaron a conceder nuevos préstamo;, a esto se unió la presión política por parte de los Parlamentos que buscaban una nueva convocatoria de los Estados Generales. Brienne, ante un presupuesto con un déficit de más de 100 millones de libras, tuvo que anunciar el día 16 de agosto la incapacidad del Estado para asegurar sus pagos en metálico y devolver los bonos del Estado con un interés del 5 %, lo que provocó un pánico generalizado, desvelando la bancarrota de la Monarquía francesa.

Ante esta situación insostenible, Luis XVI acepta una reunión de los Estados Generales, fijada para los primeros días de mayo de 1789 y procede a la destitución de Loménie de Brienne, volviendo a situar al frente de las finanzas a Necker, que como dijimos antes contaba con el apoyo del pueblo y la burguesía.

Los Estados Generales

El 5 de mayo de 1789 fue la fecha elegida para abrir los Estados Generales y se llevaron a cabo las pertinentes redacciones de los Cuadernos de Quejas, donde todo francés mayor de 25 años podía expresar sus preocupaciones. 

Pronto surgió el primer problema, el sistema de voto. El Tercer Estado pidió que las votaciones se llevasen a cabo individualmente y no por estamento, ya que en caso contrario el voto conjunto de la nobleza y el clero prevalecería siempre sobre el suyo. Claramente los estamentos privilegiados no estaban interesados en esta petición prosperara, por lo que no se llegaba a ningún acuerdo, lo que provocó que el 17 de junio, el Tercer Estado se auto-proclamase motor de cualquier medida, abandonando su nombre y su condición de organismo representativo de un estamento, y se constituyó como Asamblea Nacional, convirtiéndose en representación de la nación e invitando a los demás estamentos a unirse a ellos. El Rey como respuesta a estas medidas decidió quitarles el salón donde se reunían; y esta nueva Asamblea Nacional, liderada por Riqueti, Conde de Mirabeau y francmasón, y por el abate Emmanuel Joseph Sieyès, se trasladó a un edificio público utilizado como frontón para el juego de pelota, y, en medio del entusiasmo general, se llevó a cabo, el 20 de junio, el mítico Juramento del Juego de Pelota.

Juramento Juego Pelota | Jacques-Louis David
Los integrantes de la Asamblea Nacional juraron no separarse jamás, y reunirse siempre que las circunstancias lo exijan hasta que la constitución sea aprobada y consolidada sobre unas bases sólidas. De este modo, la Asamblea Nacional pasaba a ser Constituyente.

Representantes de otros estamentos como el bajo clero y nobles liberales se unieron a esta Asamblea, y ante esta presión Luis XVI cedió, y el 27 de junio reconoció la Asamblea Nacional y ordenó al clero y a la nobleza que se incorporaran a la misma, lo que suponía una aceptación de hecho, por parte del rey, del principio de soberanía nacional. Este quizá sea el primer suceso revolucionario, y no la toma de La Bastilla.

Asamblea Nacional Constituyente.

                      1. La Toma de la Bastilla

Luis XVI demostró nuevamente su inoperancia, ya que a pesar de aceptar el principio de soberanía nacional, procedió a la destitución de Necker, acusándole de ser demasiado condescendiente con los Estados Generales, y cediendo nuevamente a las presiones de los privilegiados que veían peligrar su posición, mandó acuartelar a 20.000 soldados en Versalles por si fuese necesario utilizar la fuerza contra la Asamblea.

Luis XVI | Callet. Museo del Prado
Las noticias de la destitución de Necker y el acantonamiento de estas tropas llegaron a París en la tarde del 12 de julio, siendo mal recibidas, ya que por un lado se creía que la destitución marcaba el inicio de un golpe de Estado por parte de los elementos más conservadores de la Corte, y por otro lado que las tropas acantonadas masacrarían a los miembros de la Asamblea.

El levantamiento comenzó la noche del 12 al 13 de julio, cuando cuarenta de los cincuenta puestos de control que permitían la entrada a París fueron incendiados por una muchedumbre que exigía la rebaja del precio de trigo y del pan. Otra manifestación se congregó en el Ayuntamiento de París, en su interior, el Comité de los electores, los representantes de la municipalidad de París estaban reunidos y se negaban a entregar armas a los sublevados con las que pensaban defenderse de las tropas reales que en breve, según creían, se lanzarían contra ellos. Finalmente, los electores dirigidos por Jacques de Flesselles decidieron formar un "comité permanente" y tomaron la decisión de crear una "milicia burguesa", la Guardia Nacional y al mando se ponía  Cada hombre llevaría como marca distintiva una escarapela con los colores de París, rojo y azul. A su mando se colocaba al Marqués de La Fayette.

 Marques de La Fayette
Gilbert Motier, Marques de La Fayette y primer Comandante de la Guardia Nacional
Pero esta Guardia Nacional no tenía ni armas ni municiones, por lo que los amotinados saquearon el Garde-Meuble, nombre popular del hotel de la Marina, donde se almacenaban armas y una colección de antigüedades; mientras delegación de los electores del Ayuntamiento se dirigió a Los Inválidos para reclamar las armas almacenadas.

Otro rumor comenzaba a extenderse entre los amotinados, en la Prisión de la Bastilla se almacenaban grandes cantidades de pólvora. Poco después de las 10 de la mañana, los delegados de la Asamblea de los electores de París marchaba hacia la Bastilla con la intención de iniciar negociaciones de rendición con las tropas defensoras de la Prisión, pero estos no aceptan. Tras diferentes negociaciones, a la 1 y media de la tarde se produjo el primer intento de asalto cuando los sublevados se hicieron con el patio externo y las cadenas sobre el puente levadizo al patio interior fueron cortadas. En el interior del edificio, el Alcaide René-Bernard Jordan de Launay ordenó a sus hombres abrir fuego sobre la muchedumbre.

Con las primeras horas del 14 de julio, un numeroso grupo de amotinados se lanzaron contra Los Inválidos para hacerse con las armas que había en su interior. Este palacio estaba protegido por cañones pero los defensores no estaban dispuestos a disparar contra los parisinos, por lo que su toma fue relativamente fácil.

Tras este primer asalto, una tercera y una cuarta delegación se reunieron con el alcaide de la Bastilla, que nuevamente negó cualquier tipo de rendición. Cuando la cuarta delegación abandonaba las reuniones, comenzó el fuego cruzado entre ambos bandos, aunque nunca podrá saberse desde que lado se apretó el gatillo por primera vez. La lucha fue intensa y parecía que podría terminar en tablas, pero a las 3 y media de la tarde, los cañones que habían sido tomados en el Palacio de los Inválidos fueron colocados en batería contra las puertas y el puente levadizo de la fortaleza y acto seguido abrieron fuego. Finalmente el alcaide de la Bastilla, René-Bernard Jordan de Launay, ordenó cesar el fuego tras casi dos horas de combate y dirigió un escrito a los asaltantes en los que ofrecía la entrega del edificio a cambio de la promesa por parte de los asaltantes de que no se ejecutaría a ningún defensor. Las peticiones no fueron aceptadas, pero de todas maneras, comprendiendo que la lucha era totalmente inútil, el Alcaide rindió la plaza y permitió la entrada de los sublevados, quienes se apoderaron de la pólvora y la munición. Caía así la Bastilla, símbolo de la opresión, del despotismo monárquico, de la arbitrariedad y de la violencia.

La Bastilla
Toma de La Bastilla.
Ante estos hechos, el monarca no pudo nada más que aceptar las peticiones de los sublevados y, tomo varias medidas  al respecto como restituir en su cargo a Necker como responsable de las finanzas, dar orden de retirada a las tropas acantonadas y aceptar la bandera de los sublevados como nueva bandera de Francia, pero añadiendo el blanco de los borbones a los colores azul y rojo de la municipalidad de París, naciendo de esta manera la bandera tricolor francesa.

Origen Bandera de Francia

Estos acontecimientos tuvieron su reflejo en la Asamblea Nacional que estaba reunida en Versalles, dando lugar a la que sería la jornada parlamentaria más importante de la historia de Francia, la noche del 4 de agosto de 1789. Esa noche quedaban abolidos los privilegios feudales y los diezmos, proclamándose la libertad de todos y naciendo el principio de Igualdad.


                      2. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Poco tiempo duró el furor por la libertad, ya que en los decretos que se fueron promulgando pocos días después se rescataron algunas prerrogativas, se dictaron duras leyes contra los campesinos insurrectos y se proclamó a Luis XVI como “restaurador de la libertad francesa", consagrándose de esta manera la co-legitimidad entre la Asamblea y el Rey. El 26 de agosto de 1789 estos principios quedaron plasmados en “La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano".

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano
Representación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. 
Tras formular los principios fundamentales, comenzaba la discusión para dar forma al nuevo Estado. Se decidió que la Asamblea se dividiría entre los partidarios del veto absoluto real y la creación de dos cámaras, que fueron colocados a la derecha del Presidente, que hacía de moderador; y a la izquierda fueron colocados los que pensaban de manera contraria. Nacían de esta manera las modernas definiciones de izquierda y derecha política. Se votó que habría una sola cámara, y al Rey se le concedía un veto suspensivo, no absoluto, por dos legislaturas, es decir 4 años.

Pero los acontecimientos se sucedían de manera vertiginosa, y el 1 de Octubre, los oficiales que servían en Versalles ofrecieron un banquete de bienvenida a su relevo, acción que por costumbre era presidida por los miembros de la familia real. Las noticias sobre lo que se tomó como una fastuosa celebración corrieron como la pólvora, y fue tomado como una afrenta hacia los más necesitados. De hecho, muchos detalles exagerados o no sobre la velada circulaban a modo de cotilleo por las calles, como por ejemplo que los oficiales borrachos habían pisado la bandera tricolor jurando lealtad exclusivamente al lazo blanco Borbón.

                      3. Marcha sobre Versalles

Tras la Toma de la Bastilla la siguiente acción en importancia la realizaron las mujeres parisinas con la llamada Marcha sobre Versalles. La mañana del 5 de octubre un grupo de mujeres enfurecidas por la escasez de víveres y por el alto precio del pan se dirigió a los mercados del este de París, animando a más mujeres a sumarse al levantamiento. Mujeres y más mujeres se fueron añadiendo a esta manifestación y pusieron rumbo al Ayuntamiento de París reclamando pan y armas, a partir de este momento comenzaron a sumarse hombres a este movimiento. Rápidamente una voz chilló “A Versalles”.
Marcha sobre Versalles
Marcha sobre Versalles. Museo Carnavalet. 
La Guardia Nacional apoyaba esta marcha por lo que era  imposible frenar esta revuelta, en la que las mujeres solicitaban al Rey comida y su vuelta a París. La Fayette con el fin de evitar un derramamiento de sangre , mandó a un hombre a caballo a Versalles para que diera la voz de alarma. Tras esto, marchó con el pueblo y sus hombres hacia la residencia real, posicionándose al frente de la columna con la esperanza de proteger al rey y mantener el orden público. 

Cuando la muchedumbre finalmente llegó a Versalles, fueron recibidos por los miembros de la Asamblea entre los que destacó Robespierre, que dio apoyó firmemente a las mujeres, iniciadoras de este movimiento, por su difícil situación. Gracias a él, la hostilidad de la multitud hacia la Asamblea disminuyó, ya que ellos también eran, en parte, blanco de su ira.

Robespierre. Museo Carnavalet
Las mujeres consiguieron audiencia con el monarca, quien les prometió distribuir algunos alimentos del almacén real. No obstante, y a pesar de la promesa real, un numeroso grupo se quedó en Versalles ya que desconfiaban no ya del Rey, si no de la Reina Maria Antonieta, blanco principal de sus iras al considerarla una manipuladora de su marido.

Maria Antonieta
Reina Maria Antonieta, considerada por el pueblo como la culpable de sus problemas.
La desconfianza en la Reina iba en aumento, y los manifestantes aprovecharon un error de los protectores de la Familia Real para colarse en el Palacio de Versalles y comenzar una persecución de la Reina con la peor de las intenciones. Finalmente, Maria Antonieta pudo escapar y gracias a la intervención de La Fayette se consiguió frenar el levantamiento. Como se había ganado la gratitud de la casa real, convenció al rey para que hablara a la multitud. El rey transmitió brevemente su intención de volver a París, y cuando la multitud aplaudía, La Fayette colocó un lazo tricolor en el gorro del guarda más cercano al rey. 

Cuando el rey se retiró, la multitud exigió la presencia de la reina, que fue llevada por La Fayette, Maria Antonieta se presentó de manera serena, los sublevados, que la apuntaban con sus armas se fueron poco a poco calmando y La Fayette, se arrodilló ante la reina y le besó la mano.

Poco después del medio día, la multitud acompañó a la familia real y a un grupo de cien diputados de vuelta a la capital, con los soldados de la Guardia Nacional al frente. La nueva residencia de la Familia Real sería el Palacio de Tullerías.

                      4. "Prisioneros" en Tullerías

Pocos días después de su regreso, la Asamblea General Constituyente cambiaba su titulación, pasando de ser "Luis XVI Rey de Francia" a "Luis, por la gracia de Dios y la ley del Estado constitucional, Rey de los franceses". Esta variación significaba que el monarca ahora pertenecía a los franceses y les debía lealtad. 

Pero el Rey era un prisionero que no podía salir de Tullerías, y la familia real empezó a hablar de planes de fuga y buscar apoyo político y militar en las cortes europeas para restablecer la situación prerevolucionaria. Además buscaron apoyos en los sectores más moderados de la Asamblea, y la persona que aceptó formar parte de este plan de fuga fue el Marqués Mirabeau, quien hizo un doble juego en esta situación, pero que no fue descubierto hasta después de su fallecimiento.
Marqués de Mirabeau
Marqués de Mirabeau, miembro de la Asamblea y a la vez conspirador junto a Luis XVI 
Mirabeau aconsejó al monarca huir de París con destino Rouen y desde allí disolvería la Asamblea realizando un bloqueo sobre la capital que provocaría tal hambruna que el pueblo se levantaría contra los asamblearios. No obstante, la pareja real confiaban más en Breteuil, un noble que había huido a Suiza, y que fue nombrado por el monarca su único representante en las cortes europeas.

Mientras el trabajo de la Asamblea continuaba, siendo la burguesía moderada el grupo que contaba con mayor representación en la Asamblea; eran partidarios de una monarquía constitucional con poderes limitados que pusiese remedio a los males sociales. En esta Asamblea Talleyrand, propuso que los bienes de la Iglesia pasasen a ser propiedad de la nación, intentando salvar de esta manera la hacienda nacional, eso sí el Estado debía ocuparse de los clérigos y iglesias. A favor estaban aquellos que afirmaban que la Iglesia no debía ser propietaria de los bienes, ya que estos habían sido dados por la nación y por los propios creyentes y el clero no era más que un simple depositario que los explotaba; y por otro lado aquellos que afirmaban que cuando se confiscaron los bienes de los jesuitas se esperaban grandes riquezas y se obtuvo lo justo para alimentar a los ex-jesuitas. Mirabeau, inmerso en su doble juego a favor de la corona propuso una alternativa: "los bienes del clero están a disposición de la nación", y esta idea, La Constitución Civil del Clero, fue aprobada el 2 de noviembre.

                      5. Huida de la Familia Real

La aprobación de esta Ley fue la gota que colmó el vaso de Luis XVI que comenzó a acelerar sus planes de liberación, aunque la incitadora real era María Antonieta. Rápidamente se ideó un plan de fuga bien organizado pero que el propio monarca se encargó de dinamitar, ya que inicialmente debía huir en un pequeño carruaje, pero Luis XVI se negaba a viajar en un carro que no fuera el suyo, lo que lógicamente habría hecho saltar todas las alarmas. 

Finalmente, la tarde del 20 de junio de 1791 la familia real disfrazada abandonaba las Tullerías. El Rey dejaba en su escritorio una declaración en la que revocaba todas las medidas que habían sido tomadas. Al día siguiente se descubrió la huida de la familia real, y el pueblo que temía una invasión extranjera o una guerra civil acusó al Marqués de Lafayette de haber permitido esta escapada. La Asamblea encargó a Montmorin, el Ministro de Asuntos Exteriores, informar a las potencias europeas sobre sus intenciones pacíficas, y envió comisionados para asegurar un juramento de las tropas a la Asamblea, y no al Rey. 

La familia real se dirigía a los Países Bajos austríacos, pero fueron reconocidos a pocos kilómetros de la frontera, por lo que fueron detenidos y enviados a París. La desbaratada fuga real provocó que fuese visto como un traidor y que por tanto no era necesario para el Estado. Al llegar a París fueron recibidos por el mayor de los silencios, y la Asamblea aprobó una ley por la que al Rey se le suspendían todos sus poderes y quedaba bajo custodia del Estado, los rumores sobre el establecimiento de una República corrían por las calles y por la Asamblea como la pólvora.
Regreso de la familia real a París
Regreso de la familia real a París tras su captura en Varennes. 
La Constitución francesa.

Finalmente la Constitución, que vio la luz en septiembre de 1791. En esta Carta Magna se establecía que la soberanía residía en la nación y ya no en el rey, proclamaba la libertad de pensamiento y de prensa, y la libertad religiosa. Además se suprimía la nobleza y las distinciones hereditarias, las órdenes de caballería, las corporaciones y gremios, y establecía el libre acceso a los oficios y funciones que hasta ahora se reservaban a la nobleza o se heredaban. Por otra parte se creaba un servicio de instrucción pública para proveer a los ciudadanos de una educación básica libre y gratuita.

Por último, se instaura en Francia la división de los poderes ejecutivos, legislativos y jurídicos. La elaboración de las leyes recaía en una Asamblea Legislativa que votaba las leyes, los impuestos y declaraba la guerra, con aprobación del rey. El poder ejecutivo quedaba en manos del rey quien nombraba a los ministros; y el poder judicial se otorgaba a unos tribunales independientes.

El sistema fiscal también fue modificado, se eliminaron los impuestos indirectos y se implantaron impuestos directos, que eran pagados según la riqueza de cada uno.

Por su parte, Luis XVI con la intención de evitar un mal mayor, aceptó la Constitución el 14 de septiembre de 1791.

Constitución francesa de 1791
Aceptación de la Constitución francesa de 1791. 
Una vez más Luis XVI demostró ser un inoperante en junio de 1792, cuando al usar su derecho a veto prohibió la deportación de los sacerdotes que no habían jurado fidelidad a la nueva Constitución y la creación de un cuerpo de soldados provinciales para asignarlos fuera de París, de esta manera se enfrentaba nuevamente a su pueblo. Pocos días después, un multitudinario grupo de parisinos armados atacaba las Tullerías, llegando incluso hasta al propio monarca que fue obligado a ponerse el gorro frigio, símbolo de la Revolución, y beber vino a la salud del pueblo. La Asamblea que quería evitar un magnicidio, envió a 25 diputados que junto con el alcalde de París consiguieron calmar a la multitud y convencerles para que se dispersaran. 

Parecía que la situación volvía a la tranquilidad, pero el 10 de agosto volvía a estallar una revolución cuando una insurrección popular derrocó al gobierno municipal de la capital para instaurar una comuna rebelde y presionar a la Asamblea Nacional para destronar al Rey. Esta insurrección atacó las Tullerías y los guardias suizos del palacio fueron asesinados. La tarde del 13 de agosto de 1792, el Rey de los franceses fue oficialmente detenido y hecho prisionero en el Temple, una torre que perteneció a la Orden de los Templarios, transformada en prisión para la familia real.

                      1. El Rey prisionero en el Temple

El monarca ya no era llamado Luis XVI, ahora era Luis Capeto, lo que demostraba que su pueblo no le tenía a esas alturas ningún tipo de respeto. De hecho a las puertas de la "prisión real" se gritaba que acababa de nacer la República.
Luis Capeto en la Prision del Temple
Luis Capeto en la Prision del Temple. Jean-François Garneray
La Asamblea ahora tenía una difícil elección, ¿Qué hacer con el monarca? Mantenerlo con vida significaba tener siempre la sospecha de que intentaba planear un golpe de Estado que acabase con los logros de la Revolución, pero acabar con la vida de un rey no era algo sencillo, por lo que la Asamblea creó dos comisiones de investigación, una encargada de investigar si el ciudadano Luis Capeto, podía ser llevado a juicio a pesar de que en la Constitución se ratificaba la inviolabilidad de su persona; y otra encargada de investigar los documentos que el Rey había llevado consigo desde Versalles y que fueron encontrados en las Tullerías.

La comisión encargada de los documentos reales encontró un armario de hierro, y en su interior se encontraba la correspondencia del monarca con otras coronas europeas, en las que solicitaba su ayuda contra los revolucionarios y algo que les sorprendió aun más, dieron con las cartas de Mirabeau, su doble juego había sido descubierto. En vista de la traición, el cadáver de Mirabeau que había sido enterrado en el Panteón de Hombres ilustres fue exhumado y todos los honores le fueron retirados. Por su parte, la comisión encargada de investigar la inviolabilidad del monarca revocó su inmunidad, por primera vez en la historia de Francia, un Rey podía ser juzgado. 

                      2. El Proceso contra Luis Capeto (Luis XVI)

El proceso contra el monarca acusado de traidor al pueblo soberano de Francia comenzó en diciembre de 1792. ¿Qué abogado le defendería?. Finalmente, se consiguió que la defensa recayese en manos de: Guillaume Malesherbes, jurista y antiguo Ministro real; François Denis Tronchet, jurista y Diputado en los Estados Generales; y Raymond de Sèze, abogado que destacaba por su capacidad oratoria e intelectual. No obstante, se sabía condenado por lo que el 25 de diciembre de 1792 redactó su testamento.
Testamento de Luis XVI
Parte del testamento de Luis XVI
El 26 de diciembre de 1792, se abrió el proceso contra el rey con la exposición de las pruebas de cargo. Acto seguido, la defensa del monarca, encabezada por de Sèze hizo sus alegaciones, apoyándose en el principio de inviolabilidad del monarca, pero como era de esperar no convenció a nadie, por lo que la única salvación era intentar aprovechar la división existente entre los diputados. Por un lado estaban los girondinos, el grupo político moderado, que deseaba evitar la condena a muerte, ya que esto provocaría el ataque del resto de monarcas europeos a la recién nacida República francesa. Frente a ellos estaban los radicales que pedían la cabeza del monarca, incluso muchos de ellos no querían ni que se celebrase un juicio, querían llevar directamente al monarca al cadalso, y en medio de estos grupos se encontraba la mayoría moderada.

Juicio Luis XVI
Proceso contra Luis XVI
El 15 de enero de 1793 se produjo la primera votación, se preguntaban si Luis XVI era culpable de conspiración, 691 diputados, de un total de 749, contestaron que sí. No hubo ningún no. Tras esta votación, se debía decidir si tal como pedían los girondinos la sentencia de los diputados debía ser ratificada por el pueblo, no obstante esta petición fue rechazada por 426 votos frente a 278. Por último llegaba el momento de votar la pena a la que sería condenado el reo. Esta votación duró 36 horas, y finalmente se decidió con 387 votos a favor y 334 en contra que el monarca era condenado a muerte en la guillotina.

La defensa del Rey solicitó el indulto, que debía ser nuevamente votado, y el 18 de enero fue rechazado por 70 votos de diferencia. De esta manera, se ratificaba que Luis XVI era condenado muerte. Dos días después se le permitió recibir la visita de su familia, y al día siguiente, el 21 de enero de 1793, tras comulgar fue conducido a la Plaza de la Revolución donde se había montado el patíbulo.

Al bajar de la carroza trataron de atarle las manos, pero Luis se negó y por su propio pie se dirigió hacia la muerte. El verdugo procedió a cortarle la coleta y a atarle las manos, pero antes pudo zafarse de su verdugo y gritar «¡Pueblo, muero inocente de los delitos de los que se me acusa! Perdono a los que me matan. ¡Que mi sangre no recaiga jamás sobre Francia!».

Poco después, sobre las 10 y 20 de la mañana, era guillotinado, un miembro de la Guardia Nacional recogió la cabeza real y la mostró al pueblo que gritaba «¡Viva la República!».

Ejecución de Luis XVI
Ejecución de Luis XVI