Ruta por la Historia: imperio

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viernes, 27 de enero de 2017

Los últimos de Filipinas


El 27 de junio de 1898 se comenzaban a escribir las primeras líneas de la que quizá sea la última gran gesta militar española, la mítica y heroica resistencia de Baler.

Pero para intentar comprender mejor la historia de estos últimos héroes españoles, vilipendiados por una reciente película, tenemos que viajar unos años antes en el tiempo.

La situación en Filipinas era bastante cómoda para España debido a las diferencias existentes entre los distintos grupos autóctonos, de hecho mientras que en Cuba eran necesarios más de 100.000 efectivos, en Filipinas estaban destacados únicamente unos 20.000 hombres. De hecho, en el sitio que hoy nos ocupa, Baler, las únicas autoridades españoles eran un cabo de la Guardia Civil y cuatro guardias civiles indígenas con los que el Gobierno español luchaba contra los contrabandistas.

En 1896 la situación sufre un revés. España debe hacer frente a una revuelta de los tagalos, los independentistas filipinos liderados por Emilio Aguinaldo.

Emilio Aguinaldo
Emilio Aguinaldo, líder de los tagalos.

Finalmente, el Capitán General Primo de Rivera consigue llegar a un acuerdo de paz, el Pacto de Biak-na-Bato, por el que se restablecía la paz a cambio del exilio de Aguinaldo y los lideres insurrectos, además Aguinaldo obtuvo una inmensa fortuna, 400.000 pesos filipinos, con los que se instaló en Hong Kong. 

A pesar de esta victoria diplomática, aquellos eran los últimos latidos del Imperio del que una vez se dijo que no se veía poner el Sol, y que en esos momentos estaba reducido a Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. En la Península la situación no era mucho mejor, se vivía una de las peores crisis económicas y sociales conocidas hasta la época. 

Mientras España sufría, Estados Unidos emergía como potencia. Sus gobernantes empezaron a mirar al exterior en busca de nuevos territorios que, o bien compraron como Alaska, o que directamente tomaron, como Hawai. Pero cerca, muy cerca de sus fronteras, existían dos enclaves que podían frenar su expansionismo, Cuba y Puerto Rico. 

Los políticos estadounidenses intentaron sacar provecho de la maltrecha España, y ofrecieron 100 millones de dólares por Cuba. No obstante, el Gobierno español rechazó tal oferta e indicó que Cuba no estaba en venta. Este rechazo sembró la semilla del rencor de Estados Unidos hacia España, y comenzaron a pensar en un pretexto para limpiar de españoles las islas de Cuba y Puerto Rico. 

Y este pretexto surgió el 15 de febrero de 1898, cuando el buque estadounidense "Maine", llegado en misión de paz, aunque sin previo aviso, saltó por los aires. El Gobierno estadounidense, apoyado por la prensa de ese país, culpó del suceso a los españoles, aunque posteriormente se demostró que todo había sido un accidente, y declararon la guerra a España el 25 de abril. El objetivo no solo eran Cuba y Puerto Rico si no también bases para abastecer de carbón a sus buques en Asia, y las Filipinas eran demasiado apetitosas.

Explosión del Maine
Ejemplo de la manipulación de la prensa estadounidense del "asunto Maine"

Los insurgentes filipinos aprovecharon la ocasión para volver a levantarse frente a España, con promesas de apoyo estadounidenses, y Aguinaldo retornó desde Hong Kong a Filipinas para ponerse al frente de los tagalos. 

Esta vez la guerra era demasiado desigual, los filipinos unidos en torno a su líder superaban con creces a los 20.000 soldados españoles, quienes tenían que hacer frente a una guerra en tierra mientras recibían los cañonazos de los buques estadounidenses desde el mar. 

Y es en este momento cuando viajamos hasta la pequeña localidad de Baler, a 200 km. de Manila en la isla de Luzón.

Baler
Mapa de Baler y su iglesia

Hasta allí llegó un destacamento de 50 cazadores españoles al mando del Teniente Mota, un joven de 19 años y de escasa experiencia militar. No obstante, diez de sus hombres fueron asesinados por los rebeldes filipinos, y el Teniente Mota quien pensó que era el único superviviente tras un ataque nocturno, terminó suicidándose. 

Ante esta situación, las autoridades españolas decidieron mandar a una nueva dotación, esta vez con más experiencia en el combate. De esta manera, en febrero de 1898, parten desde Manila 50 cazadores, al mando del Capitán Enrique de las Morenas apoyado por los Tenientes Saturnino Martin Cerezo, bregado en batallas de Cuba y Marruecos; y Juan Alonso Zayas; así como por el Teniente Medico Rogelio Vigil de Quiñones, con la intención de defender Baler.

Enrique de las Morenas
Retrato del Capitán Enrique de las Morenas
Mientras, la suerte de España quedaba sellada en la Batalla Naval de Cavite el 1 de mayo de 1898. En esta batalla, la Armada Española tenía una superioridad de un buque sobre los estadounidenses, pero la falta de atino en los disparos y la superioridad técnica de los barcos estadounidenses, provocaron el gran desastre español, que únicamente pudo aguantar una hora y media de combate y finalmente, tuvo que rendirse y la suerte de España en la Guerra estaba decantada. 

Mientras, en Baler, el nuevo destacamento hacía el relevo. En este enclave que pasará la historia, 54 valientes quedaban preparados para defender a España y sus territorios. Estos hombres se establecieron en el pueblo, y el Capitán Enrique de las Morenas comprendió que en caso de necesitar refugio durante el combate, la Iglesia, con sus muros de más de metro y medio de ancho, sería el bastión perfecto.

Iglesia de Baler
Iglesia de Baler, último bastión de resistencia española.

El 27 de junio, como dijimos anteriormente, se produce el ataque de los tagalos, y el Capitán de las Morenas, viéndose superado en número, ordena llevar al interior de la Iglesia todas las armas y víveres posibles y comenzar la resistencia hasta la llegada de refuerzos o hasta que no quedara ni un solo de ellos con vida. 

A las pocas horas, los filipinos atacan la iglesia. El capitán español ordena abrir fuego contra ellos. Los tagalos, salen a centenares desde todos los sitios, el pueblo se convierte en una llamarada de fuego. Los máuseres españoles consiguen rechazar todas las ofensivas de las primeras horas sin bajas, mientras que decenas de muertos tagalos yacen fuera.

Fusil Mauser
Fusil Mauser, arma principal de defensa en Baler

En el interior, se tapiaron las ventanas dejando sólo unos pequeños resquicios por los que poder disparar sus fusiles, y se excavó una línea de trincheras alrededor del edificio para que sirviera de defensa contra el enemigo. 

Los días pasaron, y los filipinos enviaron varios mensajes en los que informaba a los españoles de la retirada española de la colonia. Trataron por todos los medios de hacerles comprender que nadie vendría a rescatarlos y que estaban solos. No obstante, los españoles no estaban dispuestos a capitular, además pensaban que se trataba de un engaño para hacer que se rindieran, por lo que siguieron preparando la defensa. Filipinas era, para ellos, española. 

Los días avanzaron y los esperados refuerzos no llegaban, además la mala alimentación comienza a hacer mella en los españoles, que no disponen de sal para conservar los alimentos correctamente. Todo hace ver que su final está cercano, pero nuestros héroes están dispuestos a defender su honor como soldados por encima de todo. 

No obstante, mientras sus hombres luchaban y resistían heroicamente, España se rendía ante los Estados Unidos el 13 de agosto de 1898. En un Tratado ridículo para España, en el que Estados Unidos se hacía con Cuba y Puerto Rico, como pago de la Guerra; en el Pacifico Guam pasaba a manos estadounidenses y por Filipinas únicamente se pagarían 20 millones de dólares. A España solo le quedó firmar, todo se había perdido para siempre.

Tratado de París de 1898
Firma del Tratado de París de 1898. El Imperio español desaparecía para siempre.
Se acordaron repatriaciones y comenzó la vuelta de los soldados hacia España, pero aún faltaban los hombres de Baler, quienes no sabían nada de lo que estaba pasando más allá de escasos metros de la iglesia. Los mandos españoles en Manila, mandaron a algunos emisarios, como el Capitán Olmedo, para comunicarles la rendición española, pero los hombres de Baler no se fíaban, seguían pensado que todo era una trampa filipina. España no se podía haber rendido, era impensable. 

Pero los heroicos españoles descubrieron que el único peligro de Baler no eran los filipinos, sino que unos asesinos silenciosos les atacaban, enfermedades como el beri beri y la disentería poco a poco se adueñaban de sus cuerpos. El 8 de octubre fallecía el Teniente Alonso Zayas y un mes después, el 22 de noviembre, lo hacía el Capitán Las Morenas, quedando al mando el Teniente Saturnino Martín Cerezo, que decide aguantar hasta nuevas órdenes y prefirió seguir aparentando delante de los emisarios filipinos que su superior estaba vivo y dar así más sensación de fortaleza.

Saturnino Martín Cerezo
Teniente Saturnino Martín Cerezo, líder de los resistentes españoles.

La situación era casi dramática, y a pesar de que los españoles siguen aguantando se producen deserciones, 8 en total durante toda la heroica resistencia, siendo dos de ellos atrapados durante su huida y fusilados como traidores, aunque en el estadillo se indicó que habían muerto por enfermedad para evitar la deshonra a su familia. 

Y así llegó la Navidad de 1898. 

La situación ya era angustiosa, el hambre se adueñaba de todos, por lo que no es de extrañar que se tomaran decisiones desesperadas como las salidas en busca de alimentos. Estas salidas dieron sus frutos, ya que pudieron cazar un carabao, una especie de búfalo, que les dio carne para tres días, y semillas de calabaza. 

Pero ahora la situación de los enemigos de estos hombres era bien distinta, Estados Unidos se había adueñado de Filipinas, y los tagalos se sentían traicionados por sus antiguos aliados.

William McKinley
William McKinley, Presidente de EE.UU., culpable de la guerra hispano-estadounidense y traidor a Filipinas.

Como gesto de buena voluntad, el Gobierno estadounidense intentó mediar ante los resistentes españoles en Baler, por lo que el 13 de abril de 1899 se procedió al envió del cañonero Yorktown, que al llegar a la zona hizo sonar sus cañones y con sus proyectores de luz iluminó la iglesia del Baler. En el interior se oyeron las salvas del cañonero y de golpe todo se vió iluminado por las luces del buque, el Teniente Martin Cerezo entendió que por fin habían llegado los refuerzos esperados, que estaban en lo cierto, los filipinos les mentían en lo relativo a la rendición española. 

Pero una vez más la realidad era esquiva a nuestros héroes, los 16 soldados estadounidenses que iban a desembarcar en la playa, recibieron el alto por parte de los filipinos, quienes después, abrieron fuego contra ellos, acabando con su vida. En mar, la tripulación del Yorktown observó lo que estaba ocurriendo, y se dio la orden de virar en redondo, abandonando de esta manera a nuestros héroes a su suerte. 

Ante esto, Martin Cerezo dio orden de seguir con la resistencia, hasta el último hombre o hasta recibir noticias. 

Si los españoles presentaban una defensa numantina, a los filipinos ya no les cabían más bazas por jugar, lo habían intentado por la vía militar y mediante el envío de emisarios, pero los bravos españoles no rendían la plaza. Finalmente accedieron a que un mando militar español hablase con ellos. Desde Manila, el Teniente Coronel del Estado Mayor Cristóbal Aguilar y Castañeda partió a bordo del cañonero Uranus con destino a Baler. Frente a la puerta de la iglesia, el Teniente Coronel armado únicamente con una bandera española pidió hablar con los resistentes. 

Desde el interior pudieron observar el uniforme español y la bandera, esta vez sí, Martin Cerezo accedió a mantener parlamento. Aguilar afirmó que acababa de llegar de Manila y que le había sido encomendada la misión, por el alto mando español, de «recogerles» y hacerles llegar a casa. Martin Cerezo tomó a Cristóbal Aguilar y Castañeda por un traidor, España no podía haberse rendido ante una potencia inferior como Filipinas, no podía ser posible. Por lo que despachó a Cristóbal Aguilar y Castañeda con un seco “gracias, pero no”.

Los días de resistencia se habían convertido en semanas y estas en 11 largos meses. Muertos prácticamente de hambre y agotados, los hombres se reunieron y trazaron un último plan. Más que un plan era una locura, pero ya nada más podían hacer. 

Cuando se acabasen definitivamente los víveres tratarían de escabullirse en medio de la noche hacia un bosque cercano. Desde allí, marcharían hasta Manila, donde se presentarían ante las autoridades españolas. Pero un inesperado «regalo» lo cambió todo. Cuando abrieron, como hacían cada mañana, las puertas del templo, hallaron un periódico español, “El Imparcial”. En un principio tomaron el periódico como una burda imitación, hasta que en una noticia aparecía algo que los filipinos no podían saber. Según contó en sus memorias el Teniente Martin Cerezo, “Admirando estaba la obra cuando un pequeño suelto me hizo estremecer de sorpresa. Era la sencilla noticia de que un segundo Teniente D. Francisco Díaz Navarro, pasaba a estar, a petición propia, destinado a Málaga; aquel oficial había sido mi compañero e íntimo amigo en el Regimiento de Borbón; y yo sabía muy bien que tenía resuelto pedir su destino a la mencionada población” 

Cerezo comprendió que todo lo que le habían estado diciendo aquellos meses era absolutamente cierto. España había sido expulsada de la colonia, ya no quedaba ningún retazo del imperio. Inmediatamente reunió a los defensores y, tras compartir una charla acordaron rendirse aunque con una serie de condiciones. 

Estas condiciones hicieron que su rendición fuese más honrosa que la que había firmado la propia España. En esta rendición se debía dejar claro que ellos no se rendían, si no que las dos partes habían decidido abandonar las hostilidades; la vida de los bravos soldados españoles debía ser respetada; estos hombres abandonarían la plaza portando sus armas y serían escoltados hasta tropas españolas o un lugar seguro. 

El 2 de junio de 1899 en formación de a tres desfilaban, harapientos, sin municiones, desdentados, y enfermos pero con marcialidad. Nadie se explica cómo pudieron resistir tanto, al beri beri, a la disentería, y a los enemigos, pero lo habían conseguido. Martin Cerezo y sus hombres entraban con honores en la Historia Militar española.

últimos de Filipinas
Fotografía en la que aparecen los "últimos de Filipinas", auténticos héroes españoles.

Y esta es la gesta de nuestros últimos guerreros en Filipinas, pero atrás quedaron entre 5.000 y 7.000 hombres considerados como “desaparecidos en combate”, un término que engloba tanto a caídos en combate como a prisioneros. Entre estos prisioneros, hemos querido rescatar la historia de Luis Checa Martínez, un vecino de la localidad de San Clemente (Cuenca) que vio cambiar su vida cuando fue llamado a realizar su servicio militar en Filipinas. 

Luis Checa Martínez
Luis Checa Martínez, fue prisionero en Filipinas y no regresó hasta 1903.
Allí debía ocuparse de la intendencia, pero el estallido de la rebelión de 1896 le hizo pasar al combate. Tras meses de lucha, cuerpo a cuerpo en la trinchera, Luis y sus compañeros fueron condecorados en 1897 con la Cruz de Plata al Mérito Militar con distintivo rojo, por su valor en el campo de batalla. 

Cruz de plata al mérito militar
Cruz de plata al mérito militar con distintivo rojo.

Pero poco después Luis fue hecho prisionero. Mientras los héroes de Baler resistían en la iglesia, él tiraba de un arado junto a una vaca, convertido en un esclavo. Su único ancla a la cordura eran el recuerdo de su pueblo y su antigua vida, los que ayudaron a trazar una plan de fuga guiándose con las estrellas. 

Su huida se alargó durante días hasta que oyó voces que hablaban español. Eran compatriotas que esperaban en el muelle para subir a uno de los últimos barcos que regresaban a España, allí Luis contó su apasionante historia y fue informado de que se encontraba en el año 1903  y que Filipinas pertenecía ahora a EEUU. No obstante, todo le daba igual, él quería volver a su pueblo, a su hogar. 

Luis consiguió la licencia absoluta del servicio militar en 1905. En su historial, tres medallas. Aquella Cruz de Plata con distintivo rojo, la Medalla de Luzón y la Medalla de Sufrimiento por la Patria, cuando ya se le había considerado uno de los caídos de la contienda. De vuelta a casa, sufrió como muchos otros el olvido de la Patria, nunca supo de pensión alguna, ni fue reconocido como uno de los héroes, miles, que combatieron en ultramar.

Aquí os dejamos en enlace de la noticia completa realizada por Carlos Guisasola:  http://www.elmundo.es/cronica/2016/12/09/5843dfefe5fdea405c8b4646.html

viernes, 15 de julio de 2016

Trajano. El primer Emperador hispano.


El 18 de septiembre del año 53 en la antigua ciudad romana de Itálica, en Hispania, venía al mundo un pequeño al que llamaron Marco Ulpio Trajano. Este niño pertenecía al linaje turdetano de los Traii, que habían sido adoptados por los Ulpios, una familia italiota que residía en Itálica, pero 63 años después, cuando nuestro invitado falleció en Selinus de Cilicia (Asia Menor) su nombre era el fiel reflejo de su ascenso en la vida, sus coetanios le llamaban Imperator Caesar Divi Nervae Filius Nerva Traianus Optimus Augustus Germanicus Dacicus Parthicus Pontifex Maximus Tribuniciae Potestatis XXI Imperator XIII Consul VI Pater Patriae. Nosotros hoy día le conocemos como el Emperador Trajano.

Retrato Trajano
Busto de Trajano. Museo Capitolino de Roma
Gracias a la intuición política de su padre, un hombre de gran valor, nuestro invitado se trasladó siendo apenas un niño a Roma, la capital, pero el ambiente que se respiraba en la ciudad de las Siete Colinas era muy distinto al que conocía de Itálica. Roma en esos momentos era una víctima más de la locura del Emperador de ese momento, Nerón. 
1. Situación política de Roma

De sobra es conocida la "locura" que instauró Nerón Claudio César Augusto Germánico durante su mandato como Emperador de Roma (13 de octubre del 54-9 de junio del 68). Si bien los inicios de su reinado estuvieron marcados por una política de buena administración, donde el Senado gozaba de influencia sobre sus decisiones, pronto su comportamiento varió y se convirtió en el monstruo por el que hoy día le conocemos.

Busto de Nerón. Museo Capitolino de Roma
Pero si hay un hecho ocurrido bajo su mandato que ha pasado a la posteridad es el Gran Incendio de Roma del 18 de julio del año 64. La capital ardió durante cinco largos días, y si tomamos por cierto lo contado por Tácito, de los catorce distritos en los que se dividía Roma en esos momentos, cuatro de ellos quedaron arrasados por las llamas. Además, afirma que el Templo de Júpiter fue otra de las víctimas de este colosal incendio. 

El incendio de Roma
El incendio de Roma por Hubert Robert
Un hecho tan común en Roma como un incendio, ya que en verano eran muy comunes en esta ciudad, se convirtió, debido a su magnitud, en un arma política contra el Emperador. De hecho, estas "conjuras" perduraron en el tiempo, y años después historiadores como Suetonio afirmaron que Nerón se vistió con sus mejores galas y cantó mientras veía arder Roma. No obstante, si aceptamos lo narrado por Tácito, Nerón se encontraba en la residencia de verano de Antium, la actual ciudad de Anzio, cuando comenzó el incendio, y que las historias que se contaban sobre el Emperador tocando la cítara o cantando mientras Roma ardía no eran más que simples rumores sin fundamento. Asimismo afirma que al recibir la noticia del alcance del incendio, se trasladó a Roma para dirigir en persona la extinción. Llegando incluso a abrir su palacio para que las gentes que hubiesen perdido su casa no se quedasen en la calle. 

Sea cual sea la realidad, lo que si sabemos que es cierto es que el Emperador desarrolló un nuevo plan urbanístico, en que se incluía un nuevo palacio, Domus Aurea, en parte de los terrenos que el fuego había destrozado. La construcción de una nueva parte de la ciudad y de este nuevo Palacio, requería el ingreso de gran cantidad de dinero en las arcas estatales, y Nerón aumentó los impuestos de las diferentes provincias del Imperio. Este aumento de cargas fiscales provocó la caída del Emperador.

El Gobernador de la Galia Lugdunensis, Cayo Julio Vindex, que ve abusiva la política fiscal que impone Nerón, se levanta en el año 68 contra el poder imperial. Nerón, que no puede permitir que cunda el ejemplo entre el resto de provincias imperiales, ordena a Lucio Verginio Rufo que al mando de sus legiones sofoque la revuelta. Vindex al verse en minoría, declara su lealtad a un hombre que comenzaba a pedir su ascenso al trono, el Gobernador de la Hispania Tarraconense, Servio Sulpicio Galba. No obstante, el poder militar de Rufo acaba con las fuerzas sublevadas de Vindex, quien termina por suicidarse. Galba, por su apoyo a los sublevados, es declarado por Nerón "enemigo público", lo que equivale a una sentencia de muerte.

El Senado, que como sabemos era una de las víctimas de la política de Nerón, decidió dar su apoyo a Galba, al que terminan reconociendo como Emperador y, con el fin de acabar con Nerón le nombran “enemigo público”. Es decir, el castigo que Nerón había impuesto a Galba se volvía ahora en su contra.

La seguridad de Nerón recae en la temible Guardia Pretoriana y enfrentarse militarmente a ellos puede poner en jaque al Senado, por lo que deciden sobornar a Ninfidio Sabino, el Prefecto de la Guardia Pretoriana que secretamente esperaba ser nombrado Emperador, para que junto a sus hombres acaben con la vida de Nerón, quien al verse en peligro decide huir y cuando los guardas pretorianos entran en la Sala donde se hallaba escondido, Nerón ayudado por su con la ayuda de Epafrodito se suicidó. Tras su muerte, Ninfidio Sabino trató de nombrarse Emperador, pero fue asesinado por sus propios hombres.

2. El año de los cuatro Emperadores.

Tras la muerte de Nerón se abre un periodo en la Historia de Roma conocido como “El año de los Cuatro Emperadores”. El primero de ellos fue Servio Sulpicio Galba, al que nombramos anteriormente, quien en su marcha hacia Roma fue apoyado por Marco Salvio Otón, Gobernador de Lusitania, recibiendo de esta manera el apoyo de los pretorianos y del Senado, que lo había escogido antes incluso de la muerte de Nerón.

Galba
Moneda romana en la que aparece en rostro de Galba
Sus primeras medidas fueron tremendamente impopulares ya que intentando recuperar las arcas imperiales, vacías tras Nerón, impuso una fuerte política de impuestos a los ciudadanos. Además, la otra pata sobre la que se cimentaba su poder, el Ejército, se tambaleaba. Como recordaremos, la Guardia Pretoriana apoyó el levantamiento contra Nerón mediante la promesa de grandes recompensas, pero tras hacerse con el poder, Galba se negó a pagar lo prometido

Por otra parte, el apoyo de Marco Salvio Otón no era gratuito, Galba era un anciano de 70 años y deseaba que le nombrase heredero a su muerte, pero los planes de Galba eran otros y nombró heredero a Lucio Calpurnio Pisón Frungi Liciniano, por lo que el apoyo fue diluyéndose al igual que su fama entre los habitantes del Imperio.

El 2 de enero del 69, las legiones de Germania Inferior se negaron a renovar el juramento de lealtad al Emperador y nombraron como Emperador a su líder, Aulo Vitelio. Mientras, Marco Salvio Otón, aprovechó este levantamiento y convenció a la Guardia Pretoriana, para que le apoyasen. El 15 de enero, cinco días después de la adopción de Pisón, Otón acudió a presentar sus respetos al emperador; y tras esto se dirigió al campamento pretoriano donde fue aclamado como Emperador. Después, acompañado por un grupo de pretorianos fue a la caza de Galba, quien fue finalmente asesinado. Su sucesor, Lucio Calpurnio Pisón Frungi Liciniano, fue asesinado igualmente tres días después, siendo nombrado Emperador Marco Salvio Otón.

Otón
Áureo en el que aparece el Emperador Otón

El reinado de Marco Salvio Otón fue corto, pero en su adhesión al trono aceptó añadir el título de Nerón a su nombre y se volvieron a levantar las estatuas de Nerón. Como vimos, Marco Salvio Otón sabía que las tropas en Germania se habían levantado contra su predecesor, pero comprendió la magnitud del levantamiento cuando, tras abrir la correspondencia del anterior Emperador, tuvo conocimiento de que varias legiones al mando de Aulo Vitelio y avanzaban hacia Roma. A la vez, las tropas de Galia, Britania y Recia, se sumaron a este levantamiento, por lo que la situación de Otón era peligrosa.

El avance de las tropas de Vitelio era demoledor y una tras otra las ciudades caían en su mano, mientras esto ocurría, el mando militar de Otón se descomponía cada vez más rápido. Finalmente, y según afirma Dión Casio, con el fin de evitar una masacre fratricida, Otón se suicidaba clavándose una daga en el corazón. De esta manera, y estando tan solo en el mes de abril, Roma tenía un nuevo Emperador, Aulo Vitelio, aunque ahora sería conocido como Aulo Vitelio Germánico Augusto.

Vitelio
Áureo en el que aparece el Emperador Aulo Vitelio
Si tomamos como ciertas las fuentes clásicas, como por ejemplo Suetonio, observamos que el reinado de Vitelio intentó ser una continuación del periodo de Nerón. El nuevo Emperador se entregó a la molicie mediante orgías, grandes banquetes y festividades que sumieron a Roma en una gran crisis económica. Este descontento económico se suma al social, ya que en su carrera hacia Roma su ejército había saqueado todas las ciudades que habían encontrado a su paso, y tras la caída de Roma habían continuado haciéndolo en la capital con el beneplácito del Emperador. Por si fuera poco, también se granjeó la enemistad de la clase senatorial, a la que no devolvía los prestamos pedidos, y si alguien reclamaba el pago de la deuda el Emperador ordenaba su asesinato.

Aparece entonces en escena Vespasiano, que había sido Pretor en tiempos de Calígula y, en el momento de la muerte de Nerón, se encontraba en Jerusalén haciendo frente a la rebelión de los judíos del año 66. Vespasiano, debido a que Vitelio estaba sumiendo a Roma en la bancarrota, fue nombrado Emperador por sus hombres el 1 de Julio del año 69, y tras dejar parte de sus tropas en Judea al mando de su hijo Tito Flavio, marchó hacia Egipto a la par que llegaba a un acuerdo con Cayo Licinio Muciano, el Gobernador de Siria, quien dirigiría sus tropas hacia Roma para enfrentarse con Vitelio.

Vespasiano tomó Egipto con facilidad, con lo que dominaba la base de abastecimiento de grano de Roma, y ponía una soga en el cuello de Vitelio. Mientras, las tropas de Cayo Licinio Muciano llegaban a Italia por el noroeste y, avanzaban sobre Roma a gran velocidad. En diciembre, Vitelio era derrotado totalmente y asesinado por sus propias tropas. Tras el asesinato, su cuerpo se arrojó al Tíber y su cabeza cortada fue paseada por las calles de la capital. De esta manera, Vespasiano era nombrado Emperador.

3. Fin del Año de los Cuatro Emperadores. Los Flavios.

Con Vespasiano termina el año de los Cuatro Emperadores, ya que su mandato duró casi 10 años y fue el fundador de la dinastía Flavia, que englobó a tres emperadores.

Busto de Vespasiano. Museo Capitolino de Roma
Dentro del Reinado de Vespasiano se produce el ascenso de la familia de nuestro invitado de hoy, Trajano, ya que su padre se posicionó desde un principio a favor de Vespasiano en su lucha contra Vitelio. En agradecimiento por este apoyo, Vespasiano promueve el ascenso de los Trajano a la clase senatorial de Roma. Por su parte, Marco Ulpio Trajano fue ascendiendo dentro del escalafón militar, demostrando grandes dotes de mando que hacían que los hombres que se encontraban bajo él le siguiesen ciegamente.

En el año 76, el padre de Trajano fue nombrado Gobernador en Siria, y nuestro invitado de hoy le acompañó hasta allí, donde se le dio el mando de una legión romana.

Mientras en Roma, Vespasiano llevó a cabo una serie de políticas que tenían como fin consolidar su posición. A sabiendas de que el ejército, como había pasado en su caso, podía derrocar e investir nuevos emperadores, ofreció regalos al ejército con los que intentaban ganarse su favor, y redujo el número de las cohortes pretorianas al número y tamaño establecido por Augusto, con 9 cohortes quincuagenarias. Asimismo, los escritos publicados durante su reinado debían pasar un filtro con el objetivo que no se publicara nada que pudiera dañar su imagen pública e incluso se llegó a sobornar a historiadores para que hablasen bien de su persona en sus crónicas.

Si recurrimos a Suetonio, sabremos que Vespasiano fue víctima de constantes conspiraciones en su contra para derrocarlo, por lo que su extraña muerte, en junio del año 79, esta aun rodeada de misterio, un misterio que incluso puede salpicar a su hijo menor, Domiciano.

Una vez fallecido Vespasiano su hijo Tito Flavio, aquel que había quedado al mando de las tropas romanas en Judea durante el levantamiento de su padre era nombrado Emperador.

Tito Flavio
Cabeza de Tito Flavio perteneciente a una estatua de tamaño colosal. Gliptoteca de Munich
Tito gobernó con gran popularidad y es considerado por Suetonio como un buen emperador, aunque tuvo que hacer frente a la erupción del Vesubio causando la destrucción de Pompeya y Herculano. Tito donó una gran cantidad del Tesoro Imperial con el fin de ayudar a las víctimas y designó a dos ex-cónsules para dirigir las tareas de reconstrucción. Poco tiempo después, un incendió asoló Roma, sin alcanzar las proporciones del vivido bajo el mandato de Nerón, y el Emperador volvió a pagar los daños ocasionados.

Si tenemos en cuenta estas medidas y las mejoras en infraestructuras que hizo en Roma, nos puede parecer normal que el pueblo le adorase, pero fue víctima de una conjura orquestada por su propio hermano pequeño, Domiciano, a quien se acusa de envenenarlo el 13 de septiembre del año 81.

Estatua de Domiciano, Museos Vaticanos
Nombrado Emperador, su primer objetivo fue intentar crear una monarquía divina hereditaria, para lo que debía acabar con el Senado, una institución que, según sus pensamientos, era obsoleta y que concentraba los poderes arrebatándoselos al legítimo dueño, el Emperador.

Ni su padre ni su hermano pensaron que algún día sería nombrado Emperador, por lo que no recibió formación para gobernar. Esta falta de conocimientos queda reflejada en la política monetaria que impuso, ya que comenzó a aumentar la presencia de plata en las monedas, lo que llegó a provocar que la moneda valía más por su metal que por su valor monetario. Cuando la situación se volvió insostenible, ordenó la fabricación de moneda a mayor escala, lo que provocó una devaluación enorme de la moneda romana.

Su política militar no fue mucho mejor, en el año 87 se produce el conflicto con los Dacios, la Dacia es la zona que ocuparía la actual Rumanía, y el resultado fue un fiel reflejo del gobierno de Domiciano. El Emperador dio orden al prefecto pretoriano Cornelio Fusco para que con seis legiones cruzase el río Danubio y avanzase hacia Banato. No obstante, los dacios sorprendieron a las tropas romanas en Tapae, en la llamada Primera Batalla de Tapae, siendo aplastada la Legión V Alauda y el prefecto Cornelio Fusco sacrificado por los dacios. Los dacios victoriosos dirigidos por Diurpaneo, que de este momento fue conocido como Decébalo (“el que vale por diez hombres”), firmaron una paz con Roma que aceptaba esta derrota a cambio de no tener más enfrentamientos.

Durante esta época, Trajano destaca como militar, siendo nombrado Tribuno militar en Siria y Legado de la Legión VIII Gémina en Hispania. Posteriormente, en el año 89 se le encomienda aplastar la Revuelta de Saturnino en Germania, siendo nombrado en el 96 Gobernador de Germania donde destacó como uno de los mejores militares de su época.

Mientras en Roma, Domiciano se convirtió en un tirano cruel y paranoico, llevando a cabo gran cantidad de conspiraciones, persecuciones y asesinatos políticos contra todo aquel que se levantase contra su poder, o que el creyese que se enfrentaban a su gobierno. La situación se volvió tan insostenible que en una conjura en la que, según Dión Casio, participó incluso Dominicia Longina, la esposa del Emperador, Domiciano fue asesinado el 18 de septiembre del año 96.

4. Caída de los Flavios. Nerva Emperador.

Una vez fallecido Domiciano, el Senado de Roma haciendo uso del Fasti Ostienses nombró como nuevo Emperador a Nerva, un reputado senador de 65 años que había formado parte del Senado desde los tiempos de Nerón y al que Dion Casio relaciona de alguna manera con la conjura que acabó con la vida del anterior Emperador.

Nerva
Áureo en el que aparece Nerva como Emperador
La primera medida que tomó Nerva como Emperador fue aplicar el castigo de la Damnatio memoriae a su predecesor, es decir borrarle de la historia o la memoria de Roma, fundiendo todas las monedas en las que apareciese, quitando su nombre de todos los edificios públicos o incluso derribando todas sus estatuas. De hecho, al palacio de Domiciano se le cambió el nombre por el de “Palacio del Pueblo romano”.

Acto seguido, Nerva juró acabar con las persecuciones a los senadores que se habían iniciado bajo el poder de Domiciano, y para ganarse el favor del pueblo y del ejército, concedió un donativum de 75 denarios a cada uno de los ciudadanos de Roma y 5.000 denarios a cada uno de los soldados de la Guardia Pretoriana como conmemoración de su ascenso al poder. Además aprobó una serie de reformar económicas como créditos para los agricultores que alcanzaron la cifra total de 60 millones de sestercios; o reducir el impuesto sobre las herencias a un 5%.

No obstante, el mandato de Nerva estaba amenazado por dos razones: no tenía descendencia y la Guardia Pretoriana no estaba del todo contenta con el Emperador. La solución a ambos problemas estaba en la figura de nuestro principal invitado de hoy, Marco Ulpio Trajano.

Nombrando a Trajano como heredero, un militar de gran prestigio, se aseguraba que a su muerte no se iniciase otra guerra por el control del poder, ya que tanto el pueblo como el ejército adoraban a ese militar hispano que había sabido controlar Germania con acierto, por lo que le adoptó como hijo y heredero. Finalmente, Nerva muere de manera inesperada enero del 98 mientras Trajano se encuentra en la ciudad de Colonia.

5. El Emperador Trajano

Antes de ir a Roma para ser nombrado Emperador, Trajano lleva a cabo una serie de inteligentes medidas que buscan apaciguar posibles levantamientos como sustituir a los no partidarios de su nombramiento de los puestos de poder; castigar a los pretorianos que se habían levantado contra Nerva; mejorar la red de carreteras de Mogontiacum (Maguncia) y Augusta Vindelicorum (Augsburgo) para hacer más sencillo el intercambio de mercancías y tropas; y la construcción de un limes para asegurar los Campos Decumanos (lado derecho del Rin).

Tras llevar a cabo todas estas medidas, marcho para Roma donde fue investido como Emperador, convirtiéndose en el primer Emperador romano no itálico.

Emperador Trajano
Busto del Emperador Trajano en la Gliptoteca de Munich
El pueblo de Roma, ansioso tanto de grandes gestas militares exteriores como de tranquilidad en la política interior, acogió con entusiasmo la llegada de Trajano, el líder que había dominado a las tribus germanas.

De las primeras medidas que tomó, nada más ser nombrado Emperador, destacan la liberación de los encarcelados injustamente por Domiciano y la devolución de los bienes confiscados por éste. Realmente era una política continuista de las medidas tomadas por Nerva, pero su popularidad era mayor, por lo que el Senado Romano le dio el título honorífico de Optimus, «el Óptimo».

No obstante, el Estado que se encuentra Trajano a su llegada está casi sin recursos, por lo que tiene que hacer frente a una serie de medidas encaminadas a aumentar el Tesoro, y lejos de los que harían los políticos actuales, Trajano decidió no subir los impuestos sino que recurrió a devaluaciones de moneda al tiempo que emprendió una auténtica cruzada contra senadores y gobernadores de provincia corruptos, que eran obligados a devolver todo el dinero robado y luego eran desterrados. En este sentido, destacar el caso de Prisco que tras ser demostrada su corrupción, el Emperador Trajano le obligó a devolver lo robado, más de 700.000 sestercios, que hoy en día equivaldría a una cifra cercana a los 15 millones de euros.

Asimismo, Trajano llevó a cabo una serie de recorte de gastos imperiales, pero siempre respetando lo social, como la creación de los alimenta, un programa de ayuda a niños huérfanos y pobres de todo el imperio romano, o dando ayudas para comida y la educación, favoreciendo de esta inteligente manera la natalidad en el Imperio, que debido a las crisis económicas había caído de manera alarmante. Por su parte, Trajano sabe que debe dar ejemplo por lo que, tal y como hizo en el ejército cuando se ganó el respeto de sus legionarios por marchar a pie junto a ellos, por combatir en primera línea y comer el mismo rancho que ellos, hizo públicos los gastos de la familia imperial.

Pero Trajano también ha pasado a la Historia de Roma por ser el Emperador que llevó al Imperio a su máxima extensión, y la primera de las campañas militares que emprendió fue la guerra contra los dacios.
Dacia
La Dacia en época romana (marcada en rojo)
Como recordaremos, Domiciano había firmado una paz con los dacios de Decébalo, pero debido a la debilidad que mostraba Roma, los dacios rara vez respetaban lo acordado con impunidad, pero esto cambió con la llegada de Trajano.

En marzo del año 101, Trajano y sus legiones marcharon hacia Dacia, pero se encontraron un obstáculo que parecía imposible de solucionar, el río Danubio. Vadear el río era muy peligroso, ya que podían ser atacados en ese momento y aniquilados; esperar a que el río estuviese helado y cruzarlo era una temeridad, ya que el peso de los hombres y su equipamiento podría romper el hielo. La solución la encontró Apolodoro de Damasco, el arquitecto de Trajano, se debía construir un puente de piedra para cruzar de manera segura el río. A Trajano le gustó la idea, pero cuando preguntó por el plazo de construcción, Apolodoro le respondió que al menos serían 10 años. El emperador dijo que lo querían hecho en menos de un año y puso a todos los legionarios a trabajar en este puente, que quedó construido en el plazo estipulado por el Emperador.

Puente de Trajano
Recreación del Puente de Trajano sobre el Danubio
Una vez cruzado el Danubio, Trajano y sus hombres cruzaron las Puertas de Hierro, una garganta o cañón natural del Danubio, y pusieron rumbo a la capital de los Dacios, Sarmizegetusa, a la que puso cerco con 4 legiones. Hay que reseñar que mientras Trajano y sus hombres avanzaban, detrás de ellos Apolodoro de Damasco fue diseñando y construyendo una calzada para que en caso de requerir refuerzos o alimentos, estos llegasen más rápido.

En estos momentos se produjo la segunda batalla de Tapae, que si bien la primera finalizó con derrota romana, esta segunda batalla tuvo un desenlace distinto. Decébalo que se sabía en inferioridad numérica frente a las huestes romanas, preparó una emboscada en la que tras bloquear el paso por un angosto valle, arqueros y jinetes ocultos en los bosques de la parte superior esperarían la orden para lanzar su ataque desde una posición superior a los atascados soldados romanos. El plan de Decébalo podría ser brillante, pero más brillante aun fue Trajano, que adivinó los planes del dacio y mandó dividir su ejército en dos partes. El primer grupo, dirigido por el propio Trajano, compuesto por cerca de 57.000 hombres se dirigió hacia el estrecho y bloqueado paso haciendo ver que caerían en la emboscada. Mientras, el segundo bloque romano, al mando de Tercio Juliano y compuesto por 30.000 hombres, se internó en los bosques donde estaban ocultos los dacios y les atacaron para acabar con la emboscada. Los dacios se vieron sorprendidos por la estrategia romana, pero resistieron valerosamente hasta que una tormenta estalló en el lugar, los dacios pensaron que tanto la tormenta como la inminente derrota eran una señal divina y decidieron retirarse.

Tapae
Recreación de la Segunda Batalla de Tapae
A pesar de esta victoria, las tropas de Trajano quedaron muy dañadas, por lo que el Emperador desistió seguir avanzando y durante lo que quedaba de año se dedicó a reforzar y reagrupar sus tropas. La llegada del invierno fue aprovechado por Decébalo para lanzar un contraataque cruzando el Danubio, pero fue rechazado por las tropas romanas. Como respuesta, el ejército romano hizo una incursión en el territorio dacio forzando a Decébalo a rendirse meses después. Trajano victorioso retorna hacia Roma donde obtiene del Senado el título de Dacicus.

Una vez más, la paz acordada con los dacios no fue respetada por Decébelo, quien en el año 105 emprendió una invasión contra territorio romano intentando levantar a algunas de las tribus del norte del río contra Roma. Cuando Trajano tuvo noticias de este levantamiento partió desde Ancona y los romanos tomaron con facilidad la capital dacia, Sarmizegetusa, y posteriormente la destruyeron. El líder dacio, Decébalo, se suicidó antes de caer en manos romanas, y su cabeza cortada fue exhibida en Roma en los escalones que llevaban al Capitolio.

Trajano, además de la victoria, se hizo con las grandes minas de oro de Dacia y del enorme tesoro de Decébalo, compuesto por 165 toneladas de oro y el doble de plata, aumentando de esta manera las finanzas del Imperio.

Estas gestas se conmemoran levantando la Columna de Trajano en el Foro donde en sus relieves podemos observar escena a escena la toma de la Dacia.

Columna de Trajano
Imponente Columna de Trajano levantada en Roma.
Tras esta victoria, llegaron siete años de paz en los que Trajano gobernó obteniendo los mismos éxitos llevando a cabo una política de mejora de infraestructuras como edificios nuevos, monumentos y carreteras en Italia e Hispania. Pero Trajano era un gran militar, por lo que el siguiente periodo importante en su reinado es la guerra que llevó a cabo contra los partos.

Impero Parto
Localización del Impero Parto
En el año 113 el Rey Parto Osroes colocó en el trono de Armenia a un rey títere, algo que era inaceptable para Roma, ya que Partia y Roma compartían la hegemonía sobre Armenia. Pero Trajano no solo debía proteger los intereses políticos, también debía llevar a cabo una política geoestratégica acorde a los intereses romanos, por lo que Trajano mandó a las tropas a esta zona para controlar la ruta comercial emergente más importante del mundo, la Ruta de la Seda.

Los partos fueron derrotados por Roma, que amplió sus territorios tomando Armenia, Asiria y Mesopotamia fueron integradas en el Imperio, y Trajano lamentó ser demasiado viejo para seguir los pasos del gran general de todos los tiempos, Alejandro Magno, y tomar la India.

La ampliación del Imperio Romano con estos vastos territorios, ampliaba también los problemas para Roma, ya que tenía que hacer frente a la resistencia de algunos pueblos, por lo que el hábil Trajano cambió las armas por la política y depuso al Rey parto Osroes I colocando en el trono a un títere de Roma, Partamaspatesen.

Tras esto comenzaron los problemas para Trajano: unos problemas propios, con achaques en su salud; unos problemas de política interna, comienzan a surgir senadores que creen que el Emperador está llevando al ejército demasiado lejos; y unos problemas externos, los judíos comienzan una rebelión por todo Oriente Próximo (Egipto, Chipre, Cirenaica, Judea y Mesopotamia).

Trajano tiene que aplastar estas revueltas judías, por lo que se retira con parte de su ejército, dejando a se vio obligado a retirar su ejército para aplastar las revueltas, pero cae enfermo (hoy día aun se discute si fue un golpe de calor o algún tipo de accidente cardiovascular) en la primavera del año 117. Meses después, el 9 de agosto, cuando se encontraba en Selinus de Cilicia sufrió un edema que acabó con su vida.

Su cadáver fue incinerado y sus cenizas se colocaron debajo de la Columna Trajana.

sábado, 30 de enero de 2016

Carlos I, el César

A las 03:30 horas, del 24 de febrero del año 1500 venía al mundo, en un lugar tan inapropiado como una letrina, el hombre que acumuló más poder de su tiempo, Carlos de Habsburgo.

Carlos V Tiziano
El emperador Carlos V, por Tiziano.
Este pequeño, debido a la política matrimonial de los Reyes Católicos, recibiría en sus manos algún día las herencias de las coronas de Castilla, Navarra, las Indias, Nápoles, Sicilia, Aragón, los territorios austriacos, el patrimonio borgoñón y el derecho al trono del Sacro Imperio Romano Germánico.

Árbol genealógico de Carlos I
Árbol genealógico de Carlos I
A pesar de lo podamos pensar su infancia estuvo marcada por la desgracia, siendo muy joven su padre muere en extraña circunstancias y su madre, Doña Juana, es incapacitada por su abuelo y encerrada en un convento de Tordesillas (Valladolid). Todo esto ocurre lejos, muy lejos para Carlos y en un país del que no conoce ni la lengua pero que sabe que algún día tendrá que reinar.

El 22 de enero de 1516, Fernando el Católico, su abuelo, fallece y las coronas de Castilla y Aragón deben pasar a la cabeza de Dña. Juana, pero al estar incapacitada, recaen en su hijo, Carlos. Como decíamos, Carlos debe ir a un país del que desconoce todo, pero del que debe ponerse a la cabeza, por lo que el 8 de septiembre de 1517 zarpa con destino Santander, pero las tormentas que hay en mar, reflejo de la vida que le espera a nuestro protagonista, le llevan a tomar tierra en Tazones (Asturias).

Carlos I en Tazones
Desembarco de Carlos I en Tazones
Desde su llegada a España, Carlos se encuentra un ambiente hostil contra su persona, lo que desemboca en diferentes enfrentamientos con la población del país (Germanías y Comunidades) Pero ¿Cómo fue el reinado de este Rey-Emperador?¿A quienes se enfrentó?¿Quién fue su enemigo mortal?

Escucha nuestro programa y descubrirás la solución a esta y otras preguntas.

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