Ruta por la Historia: hundimiento

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viernes, 17 de junio de 2016

Adolf Hitler: el hundimiento


Hemos dedicado programas anteriores a su biografía y al ascenso de su obra, el partido nacional socialista alemán, y esta semana vamos a viajar a los últimos días de la vida de este hombre que soñó con crear un imperio, un Reich, que duraría mil años.

Hitler
Adolf Hitler
Durante años, Hitler afirmó que una especie de voz interior le guiaba y le ayudaba a escapar de aquellas situaciones que ponían en peligro su vida, tales como la caída de un obús mientras era un simple cabo de trasmisiones durante la Primera Guerra Mundial, o los posteriores intentos de asesinato que sufrió cuando ya se encontraba en la cúspide del poder en Alemania. Ahora, cuando el soñado imperio milenario estaba reducido a los escasos metros cuadrados que ocupaba el bunker de Berlín, aquella voz parecía haber abandonado a nuestro protagonista de hoy.

Cancillería del Reich
Fachada principal de la Nueva Cancillería del Reich a principios de los años 40.
La Cancillería había sido objetivo de los bombardeos aéreos aliados, por lo que se encontraba especialmente dañada, pero contaba con un refugio antiaéreo que había resultado de gran utilidad durante los primeros bombardeos ingleses. No obstante, a partir de 1944 estos bombardeos ingleses aumentaron en número y en potencia, por lo que Hitler ordenó a Albert Speer la construcción de un nuevo bunker que fuese más amplio y sobre todo más resistente. En pocos meses la obra quedó finalizada y el refugio resultante constaba de dos plantas de 20 por 11 metros. En la planta superior se encontraban las habitaciones del servicio, de las secretarias de Adolf Hitler y de los ayudantes militares, así como los aseos, el comedor y la cocina. La planta inferior era totalmente para Hitler, en ella se encontraban su habitación, su despacho, la sala de reuniones y su aseo privado. También se hallaba la centralita telefónica, con la que el Führer podía dar órdenes a los diferentes frentes.

El búnker tenía su propio generador eléctrico y reservas de agua. Los aseos, la ventilación y la calefacción funcionaban correctamente, aunque la atmósfera siempre estaba demasiado cargada, la humedad era muy alta y el olor resultaba desagradable, quizá esta dificultad para ventilar el bunker lo encontramos en los filtros colocados para impedir el paso de la mayoría de los gases conocidos en la
época.
Albert Speer
Albert Speer, arquitecto del nazismo.
Pese a que el bunker nos pueda parecer una fortaleza inexpugnable, Hitler siempre tuvo terror quedar enterrado, sabemos que cada vez que sonaba la alarma aérea bajaba nervioso y dentro del bunker, que vibraba a cada explosión de las bombas, palidecía de miedo. No obstante, a finales de febrero de 1945, y debido al aumento de los ataques aliados comenzó a pasar las noches en su interior, hasta establecerse permanentemente en él.

Como vemos, y podemos imaginarnos, la vida en el interior del bunker no era precisamente idílica. A la sensación de verse encerrado bajo tierra, con un ambiente cargado debido a una escasa ventilación, tenemos que sumar la presencia de un colérico Hitler que físicamente era un despojo si lo comparamos con el mismo hombre 4 años atrás, en estos últimos días sufría espasmos en la pierna izquierda, arrastraba los pies y jadeaba en cuanto recorría unos pocos metros. Además desde el atentado de Von Stauffenberg, en julio de 1944, sufría daños en los oídos, por lo que sufría mareos y su manera de andar recordaba a la de un borracho.

Von Stauffenberg
Von Stauffenberg, artífice del último atentado sufrido por Hitler
Para poder entrar plenamente en ambiente podríamos viajar a enero de 1945, concretamente al día 25, cuando la victoria aliada en las Ardenas significó una herida mortal para Alemania que supuso su derrumbe en todos los frentes, ya que sus reservas de hombres, munición y combustible habían quedado prácticamente agotadas tras aquella batalla.

A pesar del fracaso en las Ardenas, el ejército alemán intentó frenar a las fuerzas soviéticas en una nueva ofensiva, la del Lago Balatón en Hungría, pero fue un fracaso. Esta situación de derrumbe duró hasta finales de marzo, cuando el ejército alemán se replegó  a Viena, dejando en poder de los soviéticos casi el 90% del territorio húngaro.

Cuando Hitler tuvo conocimiento de la derrota alemana ordenó que los hombres de la División Waffen SS Leibstandarte Adolf Hitler, que habían formado parte de esa fracasada ofensiva, se quitaran los brazaletes con el emblema «Adolf Hitler», ya que consideraba que la división que llevaba su propio nombre no había luchado con todas sus fuerzas durante la ofensiva.

Waffen SS Leibstandarte Adolf Hitler
Insignias de la División Waffen SS Leibstandarte Adolf Hitler
Tras la derrota en Balaton, los soviéticos tenían vía libre para lanzarse sobre Viena, un ataque que comenzó el 3 de abril. Los defensores alemanes de la capital austriaca estaban en clara desventaja, llegando casi a 1 soldado alemán por cada 10 soviéticos, además se encontraban casi sin suministros y armamento, por lo que nada parecía presagiar un buen resultado para los germanos. La noche del 11 de abril, el Ejército Rojo cruzó el canal del Danubio, y poco a poco los distritos vieneses fueron cayendo uno a uno a pesar de la lucha casa por casa que plantearon los alemanes.

Como vemos la derrota final alemana parecía cada vez más clara y cercana, y con este ambiente llegamos al 20 de abril 1945, el cumpleaños de Adolf Hitler.

Ese día era celebrado con grandes fiestas, discursos y desfiles, pero ese año la situación tanto alemana como de un Führer, en un estado cada vez más avanzado de la enfermedad de Parkinson, no parecían las idóneas para  celebrar nada.

Sólo los nazis más acérrimos colocaron banderas del Partido, y pancartas en las que ponía “La ciudad fortaleza de Berlín saluda a su Führer”. Los aliados, conscientes del día que era, regalaron a Hitler  un bombardeo aéreo desde primeras horas de la mañana.

El responsable de la otrora poderosa Luftwaffe y de la defensa aérea alemana, Hermann Göering, abandonaba su mansión de Karinhall ante el avance soviético, dando órdenes a los soldados de que sacasen todas sus pertenencias en camiones. Tras ver como sacaban sus valiosas obras de arte, robadas durante la guerra, voló personalmente la mansión por los aires y se montó en su enorme limusina para dirigirse a Berlín, donde a mediodía tenía recepción para felicitar a Hitler.

Hermann Göring
Hermann Göring, Mariscal del Aire

Por su parte, el que había sido ciego seguidor del Führer, Heinrich Himmler, ahora estaba maquinando a espaldas de su líder una solución al conflicto concertando citas con la Cruz Roja Internacional e incluso con los representantes del Congreso Judío Mundial. Himmler pensaba que era el único que podía sustituir a Hitler, por lo que debía ser quien llevase las negociaciones con los aliados. 

Heinrich Himmler
Heinrich Himmler, Comandante en Jefe de las SS
Goebbels, era el único dispuesto a permanecer junto al Führer en Berlín hasta el final, y a la postre así fue. A través de la radio alemana emitió por la mañana un discurso de cumpleaños en el que pedía a todos los alemanes que creyeran ciegamente en su líder y en su obra, ya que a pesar de las dificultades del momento, les llevaría a la victoria final.

Joseph Goebbels
Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda
El círculo de los hombres de confianza del Führer, o en los que él pensaba erróneamente que podía confiar, compuesto por su Ministro del Aire, Hermann Goering; su Ministro de Asuntos Exteriores, Von Ribbentrop, el Almirante de la Kriegsmarine, Dönitz; el líder de las SS, Heinrich Himmler, el Jefe de la Gestapo y de la Oficina Central de Seguridad del Reich, Ernst Kaltenbrunner; el Ministro de Armamento y Guerra, Albert Speer; y los Generales Keitel, Jodl y Krebs llegaron poco después del medio día a la Cancillería para felicitar a Hitler.

Tras felicitar al Führer por su cumpleaños, le recomendaron que partiese hacia Baviera para establecerse en los Alpes bávaros donde hacerse fuerte o escapar de los Aliados a través de Suiza. Hitler no obstante rechazó tal ofrecimiento, llegando incluso a afirmar que los rusos estaban a punto de sufrir la derrota más sangrienta de su historia ante la resistencia alemana de Berlín.

Además Hitler afirmó que desde ese momento Alemania quedaría dividida en dos, el Almirante de la Kriegsmarine, Dönitz se haría cargo del sector Norte, mientras que en el sector Sur había dos opciones, Kesselring o Goering, por lo que Hitler dijo que lo dejaba en manos de la Providencia.

Eso si, cuando Goering le preguntó si debía ir en persona al Sur o si podía enviar a su Jefe del Estado Mayor, el Führer secamente le respondió “Usted irá”, y tras esta frase, los que habían sido viejos camaradas se despidieron de manera fría, quizá porque Hitler estaba ya cansado de la cobardía del Mariscal del Aire.

Al finalizar la entrevista con el Führer, Himmler, Ribbentrop y Kaltenbrunner comenzaron a inventar “todo tipo de pretextos” para abandonar Berlín por motivos oficiales. Por la tarde el dirigente nazi pasó revista a los miembros de las Juventudes Hitlerianas, entre los que repartió diferentes Cruces de Hierro por sus valerosas acciones enfrentándose a blindados soviéticos. Esta imagen la hemos visto en un video en el que observamos a un envejecido Hitler que a duras penas puede mantener ocultos los temblores que la enfermedad de Parkinson provoca en su brazo izquierdo, lo que le impidió colocar el mismo las medallas.

Hitler entrega de medallas
Entrega de medallas por parte de Hitler a niños de las Juventudes Hitlerianas
Mientras, Himmler estaba maquinando a espaldas de su líder una salida, por lo que tras salir de la Cancillería viajó durante horas para reunirse con Masur, el representante del Congreso Mundial Judío. En esta reunión, Himmler informó que había recibido poderes del propio Hitler para resolver el problema judío. 

El líder de las SS, se excusó diciendo que "la gran masa de judíos europeos apoyó a los grupos resistentes, por lo que tuvieron que ser detenidos. En las cárceles estos presos judíos se infectaron de enfermedades infecciosas, y con el fin de evitar la pandemia tuvieron que construir los crematorios". Aseguró, asimismo, que siempre había pensado entregar los campos de concentración a los aliados sin ofrecer resistencia, pero que el ejército americano había hecho circular imágenes falsas de atrocidades. No obstante, como gesto de buena voluntad, ofreció la liberación de 1.000 judias presas en Ravensbruck. Tras esta reunión, marchó al encuentro del Delegado de la Cruz Roja, el Conde Bernardotte.

Amanecía el día 21 de abril, y el ejército soviético se había acercado tanto a Berlín que su artillería podía atacar con facilidad la capital alemana, Jold informó a Hitler que había ordenado al General de las SS Steiner que tomara posiciones defensivas para frenar el avance soviético.

Escuchar el apellido Steiner fue como una medicina para Hitler, era el héroe de la División SS Viking, por lo que su postura encorvada y decaída de golpe cambió y se dirigió rápidamente a un mapa. Tras consultarlo durante unos minutos, levantó la cabeza y de sus ojos salió un brillo mientras ordenó un contraataque. De su puño y letra remitió una orden a Steiner por la que prohibía cualquier tipo de retirada indicando expresamente que “Los oficiales que no obedezcan de forma incondicional esta orden serán arrestados y fusilados de inmediato. Usted, Steiner, responderá con su cabeza si esto no se cumple”.

La orden de Hitler era una autentica locura, ya que Steiner no disponía de blindados con los que hacer frente al avance soviético, por lo que simplemente hizo ver que cumplía las ordenes sin llevarlas realmente a cabo.

Felix Steiner
Felix Steiner, General de las SS
Al día siguiente, el 22 de abril, Steiner y la orden de contraataque fueron el centro de atención. Hitler no paraba de preguntar si se había realizado el ataque y hasta donde habían llegado, pero no se recibían noticias, o no se atrevían a decírselas. Finalmente, a la tarde, el General Hans Krebs tuvo que admitir ante Hitler que Steiner aun estaba organizando el ejercito con el lanzar el ataque por lo que no había ningún tipo de novedad.

Hitler parecía noqueado por la noticia, de golpe y a voces ordenó a todo el mundo que abandonase la sala, menos sus generales y Martin Bormann. Cuando el resto del personal salió de la sala, Hitler se levantó y gritando afirmó que "estaba rodeado de traidores y mentirosos, todos eran demasiado egoístas para entender sus grandes propósitos". Señaló con su mano temblorosa a los generales y les acusó de ser los "culpables de los desastres de la guerra por su cobardía". Abatido, Hitler se dejó caer en su silla y afirmó con voz cansada “La Guerra está perdida, el Tercer Reich ha terminado en fracaso y ya solo queda morir”. Acto seguido se quedó inmóvil y como si estuviese sufriendo algún tipo de accidente cardiovascular, su mandíbula se desencajó, se quedó pálido y con la mirada fija en un punto. Finalmente, sufrió un espasmo y el color volvió a su cara.

Los presentes en la Sala asustados le rogaron que tuviese fe y que debía marchar a Berchtesgaden, Hitler negó con la cabeza y con voz cansada les dijo que "ellos eran libres de hacerlo si querían, pero él encontraría la muerte en Berlín".

Hitler seguía depresivo, por lo que volvió a llamar a sus secretarias y a su cocinera para que fueran a su presencia. Las tres mujeres acudieron a la llamada y se encontraron en una sala con Hitler y Eva Braun. Allí, el Führer les volvió a indicar que estaba todo preparado para que las cuatro despagasen en menos de una hora en un avión que les llevaría a zona segura. Las cuatro quedaron de piedra y solo Eva Braun pudo hablar, diciendo: “Tu sabes que me quedaré contigo, no permitiré que me eches de aquí”. Hitler cogió por la cara a Eva Braun e hizo algo que sorprendió a todos los presentes, le dio un beso en los labios. 
Eva Braun
Eva Braun
El resto de mujeres se recompuso y afirmaron al unísono que no se irían bajo ningún pretexto. Hitler volvió a insistir, pero ellas seguían en sus trece, a lo que el Führer emocionado afirmó “Ojala todos mis generales fueran tan valiente como ustedes”. Prácticamente arrastrándose Hitler se dirigió a una sala contigua donde un grupo de oficiales le esperaba y a los que les espetó: “Caballeros, esto es el final. Yo permaneceré en Berlín y me pegaré un tiro cuando llegue el momento. Cada uno de ustedes debe tomar su propia decisión respecto a cuándo debe irse”.

Acto seguido llamó a Borman y al General Jold, y les ordenó volar a Berchtesgaden, mientras el moriría o vencería en la batalla de Berlín. En el caso de perder la batalla, se suicidaría ya que no podía permitirse caer en las manos del enemigo. Una vez el hubiese muerto, la tarea de negociar recaería en manos de Goering y de Keitel.

Goering, que sabía que cualquier acción que tomase en ese momento podía ser considerada incluso como traición, llamó a un experto legalista para que confirmase cual era su ámbito de actuación en ese momento. Este experto le informó que en el año 1941 Hitler le había nombrado sucesor a su muerte o incapacidad. Pero Goering, a sabiendas de que en esos momentos no gozaba de la plena confianza de Hitler, decidió redactar un telegrama del que podemos rescatar los siguientes párrafos:

“Mi Führer ¿es su deseo, en vista de su decisión de
permanecer en Berlin, que yo me haga cargo del control
total del Reich, según el decreto del 29 de junio de 1941,
con poderes totales tanto en el interior como en política
exterior? Debe saber que sufro por usted en estos difíciles
momentos”

No obstante, Goering pensó que en caso de no obtener respuesta a las 10 de la noche, negociaría con los aliados por su cuenta. 

El telegrama de Goering fue como una bomba en Berlín, Bormann exigió a Hitler la ejecución del Mariscal del Aire, pero el Führer ordenó mandar un telegrama en el que se indicaba que “se derogaba los indicado en el decreto de sucesión y era acusado de alta traición, pero la pena capital quedaría conmutada si a partir de ese momento renunciaba a todos sus cargos”. A pesar de estos mensajes, Bormann telefoneó al comandante de las SS en el Obersalzberg para que procediera al arresto de Goering por alta traición. El comandante de las SS actuó a toda velocidad y le puso bajo arresto domiciliario.

El 24 de abril, Hitler fue informado de que el ejercito de Manteuffel había quedado aislado por una ofensiva soviética, de esta manera Berlín quedaba aislado y sin ninguna posibilidad real de resistir, en vista de esta situación, Hitler ordenó que todas las tropas posibles, estuviesen donde estuviesen debían marchar sobre Berlín para liberarla.

Mientras esto sucedía, Goebbels se dirigía a los ciudadanos alemanes en un mensaje en el que decía “Nuestros corazones no deben albergar dudas ni temores. Acabar con la embestida masiva que viene del este contra el centro de Europa, y que está a las puertas del Reich, debe convertirse en nuestro orgullo y nuestra ambición”

Eso sí, mientras esto estaba siendo radiado a la nación, en la Cancillería se comenzaban a destruir documentos.

El día 28 recibió un mazazo con la noticia del ajusticiamiento de Mussolini y su amante por parte de los partisanos italianos. Hitler tuvo el presentimiento de que a él le pasaría lo mismo, por lo que consultó con su médico Werner Haase cuál era el método más fiable para suicidarse. El doctor afirmó que el método más seguro era ingerir una dosis de cianuro y descerrajarse un tiro en la cabeza.

Mussolini muerte
Cuerpos de Benito Mussolini y Clara Petacci tras ser ajustuciados
Esto pasaba en Alemania, pero en San Francisco donde secelebraba la conferencia que daría luz a las Naciones Unidas se hablaba del ofrecimiento de rendición que Himmler estaba realizando a espaldas de Hitler y esta noticia llegaba rápidamente a la prensa, que lo promulgó a los cuatro vientos.

Lógicamente esta noticia también llegó a Berlín y a los oídos de Hitler, quien veía como su fiel ayudante durante tantos años ahora le abandonaba y eso era el mazazo final. Hitler mandó llamar a su secretaria Junge, quien el llegar a las dependencias del Führer vio la mesa principal dispuesta para un banquete con copas de champán y una cubertería de plata con las iniciales A.H. grabadas. La secretaria quedó sorprendida y al mirar a Hitler este le respondió con un guiño y una frase demoledora “quizá ahora podamos comenzar con mi testamento político”.

"Traudl" Junge
Gertraud "Traudl" Junge, Secretaria de Hitler y testigo de excepción. 
En este testamento político lanzaba recriminaciones y acusaciones de cobardía y traición a los militares, y finalmente afirmaba que él nunca había querido hacer la guerra, y habían sido los estadistas internacionales judíos o al servicio del judaísmo los que le habían empujado a ello. Finalmente, nombraba al nuevo Gobierno, donde el Almirante Döenitz era nombrado sucesor, Göebbles Canciller y Bormann Ministro del Partido.
Tras unos segundos, Hitler comenzó a dictar su testamento personal, en el que indicaba, para sorpresa de la secretaria, de que tomaba por esposa a Eva Braun, y ella por iniciativa propia le acompañaría hasta el final. Finalmente legaba todas sus posesiones al partido, y en el caso de que este dejase de existir, las donaba al Estado Alemán.

Tras la redacción de este segundo testamento, la secretaria se retiró a una habitación contigua a la vez que los invitados a la boda Hitler-Braun entraban en la sala. 

Partida de matrimonio
Partida de matrimonio de Adolf Hitler y Eva Braun
A media mañana del 29 de abril, las fuerzas soviéticas se dirigieron al bunker en tres tres frentes, mientras Bormann hacía los preparativos para enviar el testamento y las últimas voluntades del Führer al Almirante Doenitz, su sucesor. El día en el bunker transcurría con una lenta intranquilidad, todos fumaban en su interior con cierta permisividad, algo que antaño era imposible, ya que Hitler era un antifumador acérrimo y jamás lo habría permitido, pero ya nada importaba.

Poco después se comenzaron a repartir las ampollas de cianuro entre los presentes, y a medianoche, Hitler se despidió de un grupo de veinte oficiales y de sus secretarias en el comedor principal, pasó dando la mano a cada uno de ellos y luego descendió las escaleras que le llevaban a sus aposentos.

Avanzada la mañana del 30 de abril, los soviéticos ya se encontraban a las puertas de la cancillería, pero Hitler parecía absorto ya que durante la comida con sus dos secretarias y la cocinera parecía como si fuese un día más, pero tras la comida Hitler volvió a reunir a su círculo más cercano y les comunicó que había llegado la hora y que su último servicio a la nación era seguir paso a paso lo que había dispuesto en sus últimas voluntades.

Tras esto, la pareja se retiró a su habitación, donde minutos después se oyó un disparo.

Los ayudantes de Hitler esperaron un cuarto de hora para entrar en la habitación y en ella se encontraron el cadáver del Führer doblado sobre sí mismo en un sillón con una mueca deformada en su boca, con una pistola Walther PPK de 7,65 mm caída de su mano derecha mientras un hilo de sangre manchaba su cara. Por su parte el cadáver de Eva Braun estaba tumbado en un diván, con los ojos abiertos aun, y sin ninguna señal de disparo en su cuerpo, lo que hacía ver que el efecto del cianuro no le permitió el uso del arma.

Según contaron los ayudantes de Hitler, según dejó expresado el Führer, su cuerpo y el de Eva Braun debían ser incinerados tras su suicidio para evitar que cayeran en manos de los soviéticos. Los encargados de transportar el cuerpo de Hitler fueron Linge y Günshe, mientras que el cadáver de Eva Braun fue sacado al exterior.

Una vez salieron al patio de la Cancillería del Reich, depositaron los cuerpos en uno de los agujeros que habían provocado los obuses lanzados desde las baterías soviéticas y fueron rociados con 200 litros de gasolina sacados de los vehículos que se encontraban en los garajes de la Cancillería, pero cuando intentaron prender fuego a los cuerpos con una cerilla, el fuerte viento que en esos momentos azotaba Berlín lo impedía.  Rápidamente, Bormann ideó una antorcha que soportase el viento racheado y tras encenderla se la pasó a Erich Kempka, el encargado de llevar a cabo la incineración, un momento que fue presidido por Joseph Goebbels. No obstante, este fuego atrajo la atención de la artillería soviética, que concentró su fuego en ese punto, por lo que no se pudo supervisar que los cuerpos fuesen totalmente incinerados.

Escucha el programa de esta semana y descubrirás más historias de lo acontecido en el interior del bunker así como con el destino de los restos de Adolf Hitler y su esposa. Te esperamos.

viernes, 27 de mayo de 2016

El acorazado Bismarck

El protagonista de la entrada de esta semana es un barco, un acorazado de bolsillo de la Segunda Guerra Mundial, y si hablamos de este conflicto y de acorazado de bolsillo, su nombre nos viene rápidamente a la mente, el acorazado Bismarck.

Bismarck
El acorazado de bolsillo Bismarck
Pero antes de hablar del acorazado hay que retroceder un poco en el tiempo. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, las naciones vencedoras impusieron unas duras condiciones económicas y militares a Alemania, unas condiciones que provocaron quejas desde muchos sectores de la sociedad germana, y entre estas quejas destacan los discursos de Adolf Hitler desde 1920.

En 1933 se produce la llegada de Hitler a la Cancillería, y con él un espíritu militarista invade toda Alemania, con lo que comienza el rearme nacional, en el que se incluye a la Kriegsmarine, la marina de guerra alemana que, al igual que el resto de ramas del Ejército alemán, estaba afectada por las clausulas aprobadas en el Tratado de Versalles. En su art. 181 el Tratado dictaba que “las fuerzas navales alemanas no podían exceder de seis acorazados, seis cruceros ligeros, doce destructores y doce torpederos, mientras que el artículo 190 limitaba el desplazamiento de los buques a 10.000 toneladas, con lo que apenas podían vigilar el tráfico marítimo en sus costas”.

No obstante, el 18 de junio de 1935 se firmaba en Londres el Tratado Naval anglo-alemán, por el que a Alemania se le permitía construir una flota de superficie de hasta un 35% de la británica y de hasta 45% en el caso de submarinos, y nacía así el Proyecto Z.
Tratado Naval anglo-alemán
Noticia del Tratado Naval anglo-alemán recogida por ABC
Bajo este Proyecto Alemania buscaba construir una gran cantidad de buques con los que enfrentarse, en un futuro, a la marina de guerra más poderosa del mundo, la Royal Navy británica.

Para llevarlo a cabo los ingenieros alemanes pusieron en marcha la gran industria militar alemana y desarrollaron un plan en el que se tenía que reducir el peso de las naves sin que ello afectase a sus prestaciones de combate. Para reducir este peso usaron aleaciones de metal muy ligeras de gran resistencia, se reemplazaron los pesados remaches por la soldadura de penetración. La reducción del peso permitía otra ventaja, se podía armar la nave con más cañones y sobre todo, más potentes. Nacían de esta manera los acorazados de bolsillo, naves que con la potencia de fuego de un acorazado tenían la velocidad de un crucero.

A pesar de estos avances surgieron disputas en la dirección de la Kriegsmarine, por un lado estaban las tesis del Grossadmiral Erich Raeder, que proponía seguir construyendo grandes buques de superficie, y frente a él se encontraban las ideas de Karl Dönitz, quien afirmaba que la guerra debía ser dirigida por la flota submarina debido a la vulnerabilidad de los buques de superficie. Además, según su teoría, cuando Inglaterra tuviese noticias de la construcción por parte de Alemania de buques de guerra, comenzaría una carrera armamentista que Alemania no podría ganar. A esto había que sumar que las costas alemanas no permitían poner a resguardo esta inmensa flota, por el contrario, los submarinos podían esconderse con facilidad. Por todo ello, y según sus cálculos, Alemania solo necesitaría 300 submarinos podía dominar el Atlántico y forzar la rendición británica.

Finalmente, el Proyecto Z del Almirante Raeder fue ratificado por Hitler, pero excesivamente caro, requería la inversión de más de 33.000 millones de Reichsmark.
Erich Raeder
Erich Raeder, Grossadmiral de la Kriegsmarine
El acorazado "F", tal como se llamaba el Bismarck antes de ser bautizado, fue encargado a los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, y su diseño fue pedido a Hermann Brukhardt. Su construcción se llevó a cabo a gran velocidad, instalándose la quilla el 1 de julio de 1936. Menos de tres años después, el 14 de febrero de 1939, el acorazado era botado y bautizado como Bismarck por la nieta de Otto Von Bismarck, del arquitecto de la unificación de Alemania. La industria alemana estaba construyendo a la vez un buque gemelo de nuestro invitado, el Tirpitz, aunque sus obras iban más lentas por lo que no pudieron ser botados juntos.

Bautizo del Bismarck
Hitler en el bautizo del Bismarck
El 24 de agosto 1940 entraba en servicio con el Capitán de navío Ernst Lindemann al mando. El Birmarck era el mejor de todos, el orgullo de la Kriegsmarine del que vamos a daros una serie de datos para que os imaginéis el poderío del buque del que estamos hablando. La eslora era de 241 metros y medio; mientras que la manga era de 36 metros. En ese espacio albergaba 8 cañones de 381 mm, 12 cañones de 150mm, y como defensas antiaéreas 16 cañones de 105 mm; 16 cañones de 37 mm y 18 cañones de 20 mm. Su blindaje iba desde los 14 centímetros y medio de acero en las zonas menos importantes para el buque, a los 35 centímetros de acero colocados en la cubierta acorazada, lo que según pensaban le haría inmune a cualquier proyectil disparado a corta distancia. Durante el proceso de construcción se puso especial cuidado en la estabilidad, y esa fue la razón de su enorme manga demasiado grande quizá a los ojos de muchos puristas, pero que fue diseñado así para darle mayor grado de estabilidad y tener mayor capacidad de absorción de los impactos. Mover tal cantidad de acero recaía en tres calderas Wagner que movían tres juegos de turbinas que le proporcionaban cerca de 150.000 caballos de potencia, todo este empuje daba a este gigante del mar una velocidad máxima de 29 nudos, casi 54 kilómetros por hora.

Ernst Lindemann
Ernst Lindemann, Capitán de navio
Cuando la tripulación del Bismarck conoció el barco a la perfección, comenzaron los ejercicios de vigilancia aérea y maniobras de combate en puerto. Tras dominar estas tácticas, llegó el momento de ponerlas en práctica en el mar, por lo que el 15 de septiembre de 1940, zarpaba desde Hamburgo con dirección a la base de Gotenhafen, en el Báltico. No obstante este viaje no estuvo exento de peligros, aunque no sufrió daños de relevancia, como cuando colisionó con el remolcador de proa que les sacaba por el río Elba; o cuando estando atracado en Kiel sufrió el ataque de aviones británicos.

Tras una semana en Kiel donde se revisaron los posibles daños, abandonaba esta ciudad y apoyado por un dragaminas ponía rumbo al Cabo Arkona de la Isla de Rügen, donde atracó el y nuestro invitado continuó en solitario hasta llegar a Gotenhafen, donde durante dos realizó pruebas de navegación, consumo, y velocidad, siendo modificados algunos componentes que terminaron por convertir a nuestro invitado en uno de los acorazados más rápidos del mundo.

El 5 de diciembre regresó a Hamburgo, donde fue pintado de camuflaje al modo de la marina alemana, tres franjas blancas y negras sobre el casco y la superestructura; con la proa y la popa en gris oscuro y falsas olas blancas.

Bismarck camuflaje
El acorazado Bismarck pintado de camuflaje el 21 de mayo de 1940
Mientras estaba en Hamburgo, recibieron la visita del agregado naval de la embajada sueca en Berlín que, alentado por los comentarios que el Führer había hecho de semejante fuerza naval, quería verlo en persona. El agregado naval quedó sorprendido, pero junto a él visitaron el barco otros miembros de la embajada que no eran pronazis y que aprovecharon esa información para trasladársela al Gobierno británico quienes al ver esos datos hicieron saltar todas las alarmas, un nuevo peligro estaba a punto de salir al mar.

Y llegó el mes de abril, y nuestro invitado tuvo la salida libre para volver a Gotenhafen y realizar nuevas pruebas con las que engrasarse perfectamente y prepararse para el combate. En estas pruebas quedaba claro que era el mejor de todos, el orgullo de la marina de guerra alemana. Aprovechando la fuerza de este titán de los mares las autoridades alemanas idearon Operación Rheinübung con la que bloquear a Inglaterra y ponerle una soga al cuello.

Según el plan diseñado por Raeder, los acorazados Bismarck, Tirpitz, Scharnhorst y Gneisenau, debían partir hacia el Atlántico y destrozar todos los convoyes de mercancías que se dirigiesen hacia Inglaterra. No obstante, el Scharnhorst y el Gneisenau se encontraban atacados en Brest, Francia, tras hundir en dos meses a 22 mercantes británicos, y al menos el Scharnhorst debía entrar en dique seco para ser reparado, lo que le dejaba fuera de combate hasta el mes de julio. Por otra parte, el Tirpitz acababa de ser botado y a su tripulación aún le quedaban varios meses de adiestramiento. De todos los buques que inicialmente fueron pensados para llevar a cabo la Operación Rheinübung, únicamente el Gneisenau y el Bismarck estaban listos para el combate.
Gneisenau
El acorazado KMS Gneisenau
Los ingleses comenzaron a recibir noticias de la acumulación de efectivos navales en la zona, y sospecharon que los alemanes estaban preparando una acción a gran escala, en la que según pensaban el Scharnhorst y el Gneisenau, atracados en Brest, jugarían un papel principal.Por tanto, la orden lanzada desde el Almirantazgo fue dejar fuera de combate a estos dos buques. El 6 de abril, un avión del 22.º Escuadrón del Servicio de Costas de la RAF alcanzó al Gneisenau con un torpedo en la zona de popa, y provocó una serie de daños importantes que le retiraron del servicio activo durante un tiempo importante.

Ante esta situación, el Alto Mando Militar alemán ordenó que el nuevo crucero pesado Prinz Eugen, con sus 8 cañones de 203 mm, sus 12 cañones de 105 mm, sus 6 tubos lanzatorpedos y sus potentes defensas antiaéreas, acompañase al Bismarck en esta misión. Estos dos colosos del mar necesitaban, eso sí, el apoyo de los submarinos, por lo que se ordenó que si bien los submarinos se mantendrían en sus posiciones asignadas, en caso de ser solicitada su ayuda se lanzarían al apoyo sin reservas, por ello se destinó a un oficial de enlace de los submarinos a bordo del Bismarck.

Prinz Eugen
Crucero pesado KMS Prinz Eugen
El 18 de mayo de 1941 comenzaba la Operación Rheinübung. Con la llegada de la noche para hacer “invisible” su salida zarpaba el Prinz Eugen, y pocas horas después lo hacía el Bismarck, con Günther Lütjens, segundo de Raeder a bordo como Jefe de Operaciones. La operación parecía ir correctamente, pero dos días después cuando atravesaban el Estrecho de Kattegat, fueron avistados por el crucero sueco Gotland que avisó a Estocolmo, un mensaje del que los espías británicos tuvieron conocimiento y el agregado naval de la Embajada británica en Estocolmo transmitió la alerta al Almirantazgo británico. La escuadra alemana había sido descubierta.

El 21 de mayo un Spitfire de reconocimiento del Servicio de Costas avistó y fotografió a los buques alemanes fondeados en un fiordo noruego. Al recibir las fotografías, Winston Churchill pronunció una frase que ha pasado a la Historia “Hundid el Birmarck”. Con esta petición, el Almirante John Cronyn Tovey, Comandante en jefe de la Home Fleet, ordenó a los cruceros pesados Suffolk y Norfolk que controlasen el estrecho de Dinamarca; al mismo tiempo el crucero de batalla Hood y el acorazado Prince of Wales, acompañados por los destructores Achates, Antelope, Anthony, Echo, Electra, e Icarus zarpaban desde Scapa Flow hacia Islandia; y Tovey a bordo del acorazado King George V, su buque insignia, permaneció en Scapa Flow a la espera de que se confirmase la salida del Bismarck de Noruega.

En la noche del 21 al 22 de mayo los alemanes interceptaron un mensaje británico en el que se hablaba de ellos, ahora los alemanes sabían que habían sido descubiertos mientras dejaban atrás Noruega. El Almirante británico Tovey, tras recibir esta noticia, zarpó a bordo del King George V, junto a él navegaban el portaaviones Victorius, los cruceros ligeros Kenya, Galatea, Aurora, Neptune, Hermione, y los destructores Active, Inglefield, Intrepid, Lance, Punjabi, y Windsor. Una vez en mar abierto, el crucero de batalla Repulse se uniría a esta agrupación.

John Cronyn Tovey
El Almirante británico John Cronyn Tovey en 1940

Minutos después de las 7 de la tarde del 23 de mayo, el crucero pesado británico Suffolk detectó a los buques alemanes a siete millas escasas de distancia y emitió el siguiente mensaje: “Un acorazado, un crucero a la vista a 20 grados. Distancia siete millas, rumbo 240 grados". Los alemanes también habían detectado al Suffolk, pero no le atacaron debido a que el buque británico se limitaba a mantener contacto escondido entre la niebla.

Una hora después, los vigías alemanes detectaban al Norfolk a babor, pero esta vez el Bismarck si abría fuego, y aunque el barco inglés no fue alcanzado por ninguna de las cinco salvas, tuvo que lanzar una cortina de humo y ocultarse rápidamente entre la niebla. Ocultos por la densa niebla, el Suffolk se colocó a estribor de los alemanes y el Norfolk a babor, pero en vez de atacar, se limitaron a mantener contacto por radar a la espera de que unidades más potentes pudieran entablar combate con los alemanes. En el Bismarck, el radiotelémetro de proa había quedado fuera de servicio debido a la onda expansiva de sus propios disparos, así que Lütjens ordenó entonces un cambio de posiciones, el Prinz Eugen con sus radiotelémetros intactos en vanguardia, y el Bismarck con su poderosa artillería detrás para destrozar a los británicos en caso de que se aproximasen demasiado.

Al día siguiente los sistemas defensivos del Prinz Eugen oían el ruido de unos motores a babor. Minutos después, los vigías detectaban la presencia de lo que pensaban que era un crucero ligero a una distancia de 19 millas por babor. Poco después, los vigías alertaban de la presencia de otra nave. A bordo del Bismarck y el Prinz Eugen se tocaba zafarrancho de combate, y poco a poco las siluetas del crucero de batalla Hood y del acorazado Prince of Wales aparecían a babor. Debido a la similitud de las formar de los buques alemanes, el Vicealmirante Holland, a bordo del Hood, ordenó concentrar el fuego sobre el buque alemán que marchaba en cabeza creyendo que era el Bismarck, aunque realmente no era así. A las 05: 52, y a una distancia de 12 millas y media, el Hood abrió fuego, seguido del Prince of Wales apenas 30 segundos después. La primera salva del Prince of Wales cayó a la derecha de la popa del Bismarck, la segunda, tercera y cuarta salvas del Prince of Wales fueron largas. Por su parte, las primeras salvas del Hood dirigida al Prinz Eugen cayeron cortas.

Tres minutos después, los alemanes respondieron concentrando su tiro sobre el Hood. Los primeros disparos del Bismarck resultaron cortos, pero el Prinz Eugen había alcanzado al Hood a la altura del palo mayor provocándole un gran incendio que se extendió hasta la segunda chimenea corta. A las 6 y un minuto de la mañana, la quinta salva del Bismarck atravesaba la coraza vertical del Hood, y llegaba a las municiones de la artillería de las torres de popa, lo que provocaba tal explosión que el Hood, orgullo de la Armada británica, voló literalmente por el aire.

El Prince of Wales se encontraba en clara desventaja, y la potente artillería del Bismarck alcanzaba su puente de mando. Ante esta desesperada situación, el Prince of Wales lanzó una cortina de humo y se retiró del combate tras recibir tres impactos más del Bismarck y otros tres del Prinz Eugen.

explosión del Hood
Maqueta del momento de la explosión del Hood
En este combate el Bismarck había resultado “herido” dos veces, un proyectil inglés había dado bajo la línea de flotación en la sección 14, justo por debajo del cinturón acorazado, que atravesó el casco y explotó contra el mamparo antitorpedos, lo que provocó la inundación de la central eléctrica 4 de babor; y un segundo impacto en el castillo de proa, en la sección 21, por encima pero cerca de la línea de flotación. Este proyectil atravesó el buque y salió por estribor sin explotar dejando un boquete de metro y medio de diámetro.

Como consecuencia de estos impactos la velocidad máxima quedó reducida a 28 nudos y la proa se sumergía ligeramente bajo el agua. Además sufría una pérdida constante de petróleo y el rastro delator que dejaba reduciría las posibilidades de hacer la guerra al tráfico durante tiempo prolongado además de ayudar a los británicos en su persecución.

Ante esta situación, el Almirante Lütjens informó al "Grupo Norte" anunciando su intención de dirigirse a Saint-Nazaire para reparar los daños sufridos y repostar combustible, mientras los británicos, por su parte, seguían manteniendo contacto por la popa de los alemanes; el Suffolk a estribor, y el Norfolk y el “herido” Prince of Wales a babor. El Almirante Lütjens pensó que mientras el Bismarck iba a puerto seguro el Prinz Eugen podía seguir haciendo la guerra en solitario a los convoyes mercantes ingleses, pero para eso debía dejar atrás a los perseguidores alemanes.

Para poder llevar a cabo este plan, ordenó al Bismarck que virase y abriese fuego contra el Suffolk que se vio obligado a retirarse tras una cortina de humo. A este ataque respondió el Prince of Wales y el Bismarck disparó inmediatamente, mientras comenzaba ya a recobrar su rumbo original. Después de esta acción, en la que no se lograron impactos, el Suffolk quedó a babor de nuestro invitado junto con el Norfolk y el Prince of Wales, dejando inexplicablemente la zona de estribor sin vigilancia alguna.

A estas alturas el portaaviones Victorius ya estaba en la zona, y 9 aviones torpederos Swordfish despegaban desde su cubierta, y pocas horas después vieron al Bismarck en el mar y comenzaron su ataque. A bordo del acorazado alemán, se dio la orden de aumentar la velocidad y abrir fuego con todos sus cañones, no solo los antiaéreos, aunque no consiguieron alcanzar a ningún avión inglés. De todos los torpedos lanzados por los aviones británicos, solamente uno acertó en el acorazado alemán, pero impactó en la zona del cinturón blindado por lo que no provocó daños.

Swordfish
Avión torpedero Swordfish
De madrugada, Lütjens ideó un plan para despistar a los británicos y poder poner rumbo tranquilo hacia puerto. Ordenó aumentar la velocidad a 27 nudos y mandó virar a estribor, un lateral que los ingleses habían dejado libre. Cuando los británicos se dieron cuenta de que el Bismarck ya no estaba allí se dirigieron hacia el sur y luego hacia el oeste, en una búsqueda infructuosa de los alemanes. Finalmente, informaron que “habían perdido el contacto con el enemigo”. No obstante, si los ingleses no se habían dado cuenta de que el Bismarck se había escapado, a bordo del buque alemán aun pensaban que llevaban pegados a los ingleses a su lado, y solo tuvieron conocimiento del éxito de su plan, cuando el "Grupo Oeste" les informaba de que tras interceptar las conversaciones británicas, podían asegurarles que habían conseguido escapar de sus tres perseguidores. Tras recibir este mensaje, el Bismarck se mantuvo el silencio radiofónico, aunque los británicos ya habían interceptado sus emisiones y habían calculado su posición aproximada.

La posición del Bismarck fue finalmente conocida gracias a un hidroavión PBY Catalina del Comando de Costas británico que tras avistarle informó que se encontraba " (…) en demora 240 grados, a cinco millas, rumbo 150 grados. Mi posición es 49 grados 33 minutos norte, 21 grados 47 minutos oeste. Hora de transmisión, 1030/26".

Pero el grueso de la fuerza inglesa comandada por Tovey aún estaba demasiado lejos, únicamente la Fuerza H, procedente de Gibraltar y dirigida por el Vicealmirante Somerville podía interceptarlo, usando los aviones que transportaba el portaaviones Ark Royal. Los aviones Swordfish de este portaaviones lanzaron un ataque contra una nave que encontraron en el mar pensando que era el Bismarck, pero realmente era el crucero ligero británico Sheffield, que por suerte para ellos no sufrió daños.

Ark Royal
Portaaviones HMS Ark Royal
Los británicos tenían únicamente una oportunidad, en pocas horas llegaría la noche y si no lo remediaban los alemanes llegarían a Brest con los primeros rayos de sol del día siguiente, por lo que los quince Swordfish despegaban nuevamente del Ark Royal, y comenzaban su ataque. A bordo del Bismarck la artillería comenzó a lanzar salvas al aire, pero a pesar de ello no pudieron evitar que dos torpedos le alcanzasen por babor, uno en el centro y otro en la popa. Aunque el primer torpedo no afecto, el segundo le hirió de gran consideración alcanzando los timones. Estos quedaron agarrotados en una posición de giro de 12 grados, por lo que comenzó a virar en redondo. 

A bordo del acorazado alemán se sabía que la situación era crítica, por lo que el Almirante Lütjens envió el siguiente mensaje: "Buque incapaz de gobernar. Lucharemos hasta la última granada. Larga vida al Führer."

Amanecía el 27 de mayo de 1941 y a bordo del Bismarck la situación era tensa, se esperaba el ataque de los británicos en cualquier momento, y sobre las 9 menos cuarto de la mañana se colocaban en zona de tiro de los acorazados británicos. El acorazado Rodney fue el primero en abrir fuego, y poco después los hizo el King George V. Por su parte, los alemanes respondieron centrando su fuerza de artillería sobre el Rodney, mientras que el Norfolk se unía al combate. Pocos minutos después de las 9 de la mañana, el Bismarck recibió el impacto de varios proyectiles que alcanzaron el castillo, el mástil torre e inutilizaron la zona de dirección de tiro, lo que le dejó gravemente herido, pero no se rindió, siguió plantando cara en este desigual combate, un combate se convierte en una total cacería cuando el crucero pesado británico Dorsetshire se une a la contienda.

Eran un blanco fácil de los británicos que concentran su fuego en la artillería principal alemana, que rápidamente quedó fuera de combate, y les obligó a mantener una todavía más desigual lucha usando únicamente su artillería secundaria, que no obstante también quedó silenciada por la cortina de fuego a la que estaba siendo sometida.

A bordo reinaba el caos debido a que la zona de mando había quedado incomunicada del resto del barco, por lo que el segundo comandante, el Capitán de fragata Hans Oels, asumió el mando y dio la orden de hundir y abandonar el buque. Mientras, el acorazado Rodney se acercaba cada vez mas y continuaba disparando sus cañones de 406 mm haciendo blanco de manera continua, además lanzó dos torpedos que a menos de 3 kilómetros y con un blanco prácticamente inmóvil no fallaron. Minutos después de las 10, el Norfolk lanzaba cuatro torpedos más, y la destrucción del Bismarck era total pero, para asombro de los británicos, el acorazado alemán seguía a flote. 

A las 10 y veinte de la mañana, el Dorsetshire lanzó dos torpedos más, e hicieron blanco, pero el Bismarck seguía en pie, por lo que en vez de esperar a que se hundiese solo, se dio orden de lanzar otro torpedo poco después de las 10 y media. Este torpedo también hizo blanco y el Bismarck se fue escorando a babor poco a poco mientras se hundía de popa.

Finalmente, el Bismarck se hundió a las 10:39 en posición 48 grados 10 minutos norte y 16 grados 12 minutos oeste.

Bismarck
Pecio del Bismarck
Acompáñanos en este viaje por el tiempo para conocer a este titan de los mares

sábado, 24 de octubre de 2015

Grandes catástrofes


Los diferentes medios de transporte nos han facilitado la vida, pero también se han cobrado un alto precio. Por eso, hemos querido dedicar un homenaje a todas aquellas víctimas  de las Grandes Catástrofes del Transporte.

Como iba a ser un programa triste, quisimos comenzar con el gran misterio que envuelve el recorrido de un coche concreto, un coche marcado en la historia y del que ya hablamos en el programa que dedicamos al Inicio de la Primera Guerra Mundial, el Graf & Stift Double Phaeton que, como si del famoso libro "Christine" del mago del terror Stephen King se tratase, se ha ido cobrando la vida de sus diferentes propietarios.

Graf&Stiff Double Phaeton
El coche maldito

Cambiamos radicalmente de medio y nos embarcamos en el Empress of Ireland un transatlántico que cubría la ruta entre Quebec y Liverpool pero que un 28 de Mayo de 1914 y debido al coche con un carguero, se cobró la vida de 1.021 personas. Este accidente se achacó al capitán del carguero, aunque siempre se ha sospechado que el primer error lo cometió el capitán del transatlántico, que no respetó lo dictado en las regulaciones náuticas.

Empress of Ireland
Empress of Ireland

Volvemos a tierra, y nos montamos en el correo-expreso 421 con origen Madrid y destino A Coruña que el 3 de enero de 1944 descarriló en la Estación de Torre del Bierzo, León. Las causas de este accidente ferroviario que se costó la vida de entre 500 y 800 personas, y las cifras aun no son fijas ya que tanto el accidente como las causas fueron silenciadas por la censura franquista. Hoy día, podemos hablar abiertamente del accidente y de las victimas, en homenaje a ellos realizamos el repaso minuto a minuto de esta masacre.

Torre del Bierzo
Portada de un periódico narrando el accidente, al día siguiente quedó olvidado
Dejamos la tierra y nos centramos en el medio aéreo, y si hay un accidente que ha sido tristemente recordado es el sufrido por el LZ-129 Hindenburg. Este dirigible, que había recibido el nombre del Presidente de la República de Alemania, estaba considerado el culmen de la tecnología alemana y su dominio sobre el hidrógeno, pero el 6 de mayo de 1937 su fama quedó truncada. La causa del accidente se encuentra en la capacidad inflamable del hidrógeno y en un fenómeno atmosférico, el fuego de San Telmo. Pero hay otras teorías, menos serias eso si, sobre el accidente que nos dejó para la historia la narración de Herbet Morrison.

Video y narración de Herbet Morrison sobre el incendio del Hindenburg.


Finalmente recordamos el accidente que tiene el triste récord de victimas mortales, el accidente aéreo del Aeropuerto de Tenerife Los Rodeos. Aquel 27 de marzo de 1977 empezaba mal en el archipiélago canario, el grupo terrorista Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario atacaba al Aeropuerto de Gran Canaria y los vuelo debían ser desviados al vecino Aeropuerto de Tenerife Norte, a partir de ese momento comenzó la catástrofe, pero el elemento determinante fue la actuación del comandante del vuelo de KLM al que se consideró culpable de la muerte de 583 personas.

Accidente Los Rodeos
Restos de una de las aeronaves que colisionaron en Tenerife
Esperamos que os guste el programa y sirva para mejorar entre todos el transporte y que cosas como estas no vuelvan a repetirse.